Devocional Semanal

Base bíblica: Juan 1:1-18

Reflexión:

Muchas son las religiones que existen alrededor del mundo… de entre éstas, muchas dicen ser Cristo céntricas o estar basadas en la Biblia.  Es la religión un motivo de gran controversia siendo ésta la motivación por la que algunos dicen hurtar, engañar y hasta matar y esto ha sido así desde los inicios de la creación.

La Palabra de Dios nos dice a través Juan 1:1-18 que Jesús, el Salvador del mundo, coexistía con Dios y que todo fue creado por él y para él… que vino al mundo a los suyos como había sido anunciado pero que los suyos no le recibieron.  En la época del nacimiento de Jesús, muchos, no pocos, esperaban el nacimiento del redentor del mundo… el nacimiento de aquel que traería libertad a un pueblo que había vivido muchos años en opresión… tanto lo esperaban en aquel entonces que crearon en sus mentes un modelo de salvador que estaba muy lejos de lo que la profecía había señalado.  En aquel entonces esperaban a  un salvador que llevaría libertad al estilo que ellos acostumbraban, con las armas y de modo violento e impositivo.

Irónicamente las armas, la violencia y la imposición fueron parte de la vida de Jesús sobre la tierra mas no como herramientas que él utilizó sino como parte de la bienvenida que le dio su pueblo.   Desde el inicio de la creación es Dios quien ha mostrado un modelo distinto de amor, de lealtad y de misericordia… y lo hizo así entregando a su único hijo, a aquel que junto a él había creado todas las cosas, para que se despojase de su divinidad y morase entre los hombres para así en carne propia mostrarnos que este modelo de amor es posible recrearlo (Filipenses 2:6-11). 

Jesús, el redentor del mundo, vivió entre nosotros en una época no muy distinta a la de hoy día.  En aquel entonces también existía la violencia contra la mujer, a ésta ni siquiera se le contaba como individuo sin embargo Jesús se rodeó de ellas, rescatando de la muerte segura por lapidación a una de ellas (Juan 8:1-11) y siendo ungido por otra (Lucas 7:36-50).  En aquel entonces había mucha corrupción en el sector político, de hecho Juan el Bautista y Jesús fueron víctimas de ello (Mateo 14:1-12 / Mateo 23:1-36);  en aquella época también existía una mala distribución de las riquezas y pobreza extrema… en aquel entonces los pueblos también vivían oprimidos por dictadores y gobernantes malvados e injustos.   Pero fue en esta época que Jesús vino al mundo y mostró que es posible amar al prójimo, servir con justicia, compartir con el pobre, es decir, vivir en obediencia a la Palabra de Dios.

Jesús es aquella luz verdadera que alumbra al mundo… es aquel que vino en cumplimiento de la promesa de traer libertad a su pueblo (Malaquías 3:1-6), pero su pueblo no le recibió.  Hoy día, Jesús de igual forma está tocando a la puerta del corazón de cada individuo como Señor formándonos a través de su disciplina, su amor y su misericordia (Apocalipsis 3:20)… lo hace así dispensando vida, salud, esperanza, provisión y hasta permitiéndonos atravesar pruebas que al final forman nuestro carácter.  Pero igual que en aquel entonces, aquellos a quien él ama y por quienes se entregó en una muerte de cruz, siguen sin recibirle.   

Al igual que en la época del nacimiento de Jesús, muchos decían esperar al mecías sin embargo cuando llegó para muchos éste no llenaba sus expectativas así que decidieron no reconocer su investidura y sencillamente lo desecharon.  Hoy día no es muy diferente… muchos tenemos la idea de que Jesús es como una tarjeta de créditos sin límites que podemos utilizar cada vez que algo se nos antoja y de quien podemos obtener todo lo que deseamos.  Pero cuando la tarjeta de crédito no es admitida durante la compra entonces nos molestamos y renegamos olvidándonos de todo aquello que obtuvimos en el pasado.  Y todo esto sin mencionar que normalmente esta tarjeta de crédito es utilizada para satisfacer nuestros deseos o lo que nos afecta o rodea  y casi nunca para cubrir las necesidades de otros… Sin embargo, cuando nos parece que la tarjeta no funciona la desechamos.  

No obstante, Jesús espera que todo aquel que le recibe pruebe que ha hecho así mostrando misericordia y recibiendo también a aquellos en desventaja o en necesidad, esto significa suplir para aquel que está en escasez, visitar y llevar una palabra de esperanza al que está enfermo o en prisión así como apoyar a las viudas y a los huérfanos (Mateo 25:31-46).   Jesús espera que aquel que le recibe lo haga en obediencia y además reconociendo que no tenemos la capacidad para entender ni capturar la esencia de su gloria ya que nuestros pensamientos no son como los suyos ni nuestros caminos son sus caminos sino que como son más altos los cielos de la tierra así sus pensamientos y sus caminos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8-9).

Dicho esto, surge la pregunta obligada para todo aquel que profesa haber recibido a Cristo, ¿le has dado realmente la bienvenida a Jesús o estás esperando a otro mecías? Amados hermanos, debemos procurar el no crucificar cada día a Jesús con nuestras acciones y pensamientos… debemos vivir sabiendo que así como cumplió su promesa de venir al mundo para redimirlo él también prometió y cumplirá el volver por segunda vez pero en toda su gloria y majestad para llevarse consigo a los que realmente le han seguido.   Esperemos la segunda venida de nuestro redentor y hagámoslo viviendo de acuerdo al modelo que en vida él nos dejó… solo esto evitará que, como a los fariseos e incrédulos de la época bíblica, el mesías venga y nosotros no obtengamos el galardón prometido a todos los que le han entregado su corazón y lo han declarado como Señor y Salvador.

Hermanos, terminemos este tiempo de reflexión tomando unos momentos para meditar en lo que es la Navidad.  Ciertamente no es la fecha exacta del nacimiento de Jesús, pero eso no es lo realmente importante sino lo que representa la celebración.  Este debe ser un tiempo para celebrar lo que es la verdadera esencia del creyente, el vivir de acuerdo y sabiendo que Cristo nació, murió, resucitó y que volverá otra vez.  ¿Estás listo para su segunda venida?  Toma ahora un tiempo para orar presentándote delante de Dios con un corazón contrito y humillado y además dándole gracias por el regalo de vida, esperanza, fe y misericordia recibido.

Lectura Bíblica recomendada:

1.  Lucas 2:1-20

2.  Juan 8:1-11

3.  Filipenses 2:1-11 

4.  Lucas 7:36-50

5.  Mateo 25:31-46

6.  Isaías 55:1-13

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