Marzo 2016 - ¿Qué tipo de semilla eres tú?
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
  • Devocionales, estudios bíblicos y otros recursos que le ayudarán en su crecimiento espiritual.
  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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¿Qué tipo de semilla eres tú?

Base bíblica: Marcos 4:21-29

21Entonces Jesús les preguntó: ¿Acaso alguien encendería una lámpara y luego la pondría debajo de una canasta o de una cama? ¡Claro que no! Una lámpara se coloca en un lugar alto, donde su luz alumbre.
22 Pues todo lo que está escondido tarde o temprano se descubrirá y todo secreto saldrá a la luz.
23 El que tenga oídos para oír, que escuche y entienda».
24 Luego agregó: «Presten mucha atención a lo que oyen. Cuanto más atentamente escuchen, tanto más entendimiento les será dado, y se les dará aún más.
25 A los que escuchan mis enseñanzas se les dará más entendimiento, pero a los que no escuchan, se les quitará aun lo poco que entiendan».
26 Jesús también dijo: «El reino de Dios es como un agricultor que esparce semilla en la tierra.
27 Día y noche, sea que él esté dormido o despierto, la semilla brota y crece, pero él no entiende cómo sucede.
28 La tierra produce las cosechas por sí sola. Primero aparece una hoja, luego se forma la espiga y finalmente el grano madura.
29 Tan pronto como el grano está listo, el agricultor lo corta con la hoz porque ha llegado el tiempo de la cosecha».

Reflexión:

Como mencionamos al inicio de las dos últimas reflexiones, en la vida de un seguidor de Cristo, normalmente hay tres facetas que conviven entre sí, la del sembrador, la de la tierra fértil y la de la semilla. La faceta del sembrador es aquella en la que nos constituimos en herramienta en las manos de Dios para esparcir su Palabra como semilla en otras personas ya sea directa o indirectamente, de manera intencional o no intencionada ya que algunos reciben de un creyente la Palabra de Dios cuando estos les hablan acerca de ella pero otros sencillamente la reciben al observar sus estilos de vidas que hace evidente la gloria de Dios sobre ellos.

Por otro lado, si somos seguidores de Cristo es porque en algún momento también fuimos aquella tierra fértil en donde alguien sembró una semilla y ésta dio fruto; y, en definitiva somos semilla que busca crecer ya sea junto al camino, en pedregales, entre espinos o en buena tierra. Esta reflexión explorará la faceta del creyente como semilla.

En agricultura, una semilla de calidad es aquella que germina y está libre de especies invasoras indeseadas, que está sana y libre de elementos contaminantes. Antes de ser sembradas, algunas semillas requieren cierta preparación, este tratamiento puede bien ser escarificación, estratificación, mojado de las semillas o lavado de las semillas con agua fría o tibia. La escarificación consiste en una abrasión (pulido, frote con lija o químico) de la pared exterior de la semilla para permitir que ésta entre en contacto con el aire y el agua. La estratificación es una técnica que consiste en imitar la temperatura de la semilla en su ambiente natural para conseguir que germinen. Por otro lado, el mojado o lavado de la semilla se realiza con el fin de eliminar cualquier residuo de la carne que rodeaba la semilla ya que estos podrían causar que la semilla sea atacada por insectos o plagas evitando que llegue a germinar.

En cuanto a la buena semilla, la Biblia nos dice que es aquella que da el fruto esperado siendo esto lo que la diferencia de semillas que aunque en apariencia sean similares al final sus ramas no llevan fruto como es el caso de la semilla de trigo vs. la cizaña. En este caso, las ramas de ambas plantas son similares, no es sino hasta cuando florecen y dan fruto que se puede establecer una diferencia clara entre ellas, de la misma manera el cristiano maduro muestra su esencia cuando sale a la luz sus ramas y se ve si hay o no frutos en ellas.

Al igual que en la agricultura, Dios toma sus semillas y las somete a tratamientos rigurosos que aseguren su supervivencia al momento de la siembra y su productividad al momento de la cosecha:

- Escarificación: a lo largo de nuestras vidas somos escarificados es decir, que Dios permite que atravesemos por situaciones difíciles que tal vez en su momento no parezcan traer ninguna bendición a nuestras vidas sin embargo la Biblia nos dice que “todas las cosas nos ayudan a bien a los que amamos a Dios, esto es a los que conforme a sus propósitos han sido llamados” (Romanos 8:28). ¿Ha pensado alguna vez que tal vez ese jefe injusto que no le da valor ni reconoce sus esfuerzos, o ese vecino irrespetuoso que no tiene respeto por su propiedad o ese cónyuge que ha sido desleal, o ese amigo que lo ha traicionado pueden llegar a ser el fuego del horno en el que el alfarero introducirá la vasija de barro para fortalecerla y embellecerla? Ciertamente cuando las situaciones difíciles de la vida nos golpean es cuando más propensos somos a levantar nuestra mirada a Dios.

- Estratificación: la Biblia nos dice que Dios llama las cosas que no son como si fuesen (Romanos 4:17), entonces así como Dios llamó a Gedeón “hombre esforzado y valiente” aun cuando en ese momento él estaba escondido y temeroso de sus enemigos, o a Abraham “padre de naciones” aun cuando no había tenido hijos de la misma forma Dios ve en nosotros una semilla que ha germinado y dado frutos aun cuando no sea así ya que, como Dios tiene el poder de ver en nosotros el potencial que tenemos de germinar aun cuando aun no lo hayamos hecho. Dicho de otra forma, muchos no utilizan ni ponen en práctica los dones y talentos que Dios les ha dado porque no se creen dignos y, aun cuando así sea, Dios nos ha santificado aun antes de ser santos… Jesús nos dice que estamos en este mundo aunque no seamos del mundo porque cree en nuestro potencial de elevarnos por encima de lo terrenal y en fe movernos hasta ver la gloria de Dios.

- Mojado o lavado de la semilla: Como mencionamos anteriormente, el mojado de la semilla se realiza con el fin de remover todo residuo de carne proveniente de su fruto anterior de modo que la semilla no sea atacada por insectos… de la misma forma, cuando confesamos nuestros pecados y aceptamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador se cumple la promesa citada en 1 Juan 1:9 “si confesamos nuestros pecados él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. En efecto, cuando venimos a Cristo poseemos residuos de nuestra vieja manera de vivir como la mentira, el engaño, fornicación, adulterio o pecados menos perceptibles como el evadir el pago de los impuestos, mala convivencia con los vecinos y compañeros de trabajo, no honrar a Dios con nuestros diezmos y ofrendas, no proveer para otros.

En fin, todo lo que en nuestras vidas no viene de Dios ni le da gloria a él, de todo esto debemos ser limpiados de modo que en el camino de Cristo no aparezcan insectos (raíces de amargura, debilidades que nos hacen propensos al pecado, problemas no resueltos) que ataquen nuestra carne y nos avergüencen o pongan en evidencia tan al punto que no podamos germinar y dar frutos. En esto tenemos un buen ejemplo en David quien no solo cometió adulterio y fornicación con Betzabé sino que conspiró para matar a su esposo. Es probable que David pensara que todo había quedado atrás sin embargo él no había confesado su pecado ni se había arrepentido de él y fue a él profeta de Jehová a confrontarlo y eventualmente David tuvo que lidiar con las consecuencias de su pecado no confesado. David sin embargo, cuado fue confrontado, no evadió ni persistió en su falta sino que clamó a Dios pidiéndole que “Lávame de la culpa hasta que quede limpio y purifícame de mis pecados… Purifícame de mis pecados, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve (Salmos 51:2, 7).

Dios, como el máximo agricultor, conoce la condición de la tierra a la cual serán arrojadas las semillas, así también el conoce en manos de quién deposita sus semillas con el fin de esparcirlas y ya vimos que también procura el tratamiento necesario para que las semillas que ha adquirido alcancen el máximo potencial de germinación y productividad. Una semilla en las manos de Dios ciertamente cumplirá el propósito para lo que ha sido creada, para dar frutos. Te has detenido a pensar que si Dios te llamara a su presencia hoy día, qué responderías a estas tres demandas, ¿qué tipo de sembrador has sido? ¿Qué tipo de tierra has sido? ¿Te has sometido a los procesos de perfeccionamiento como semilla en las manos de Dios?

Una vez más, es posible que tus respuestas no hablen bien de ti como hijo de Dios sin embargo, si estas leyendo esta reflexión es porque aun vives y si aun vives entonces aun tienes oportunidad de hacer conforme a la Palabra de Dios: “Así dice el SEÑOR: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por los senderos antiguos cuál es el buen camino, y andad por él; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Jeremías 6:16). Si haces esto entrarás en los procesos de Dios, y aunque en ocasión sea doloroso, acaso le dice el barro al alfarero qué forma quiere tener? ¿O acaso el oro al orfebre, cómo debe tallarlo? En ambos casos tanto la vasija de barro como la joya de oro deben entrar al horno y ser calentados para que su bellaza aflore y su estructura sea fortalecida.

Apreciado lector, tome un tiempo para reflexionar en Jesús como modelo perfecto de sembrador, de tierra y de semilla. Durante su vida como hombre se sometió a todos los procesos de Dios tanto que hasta se entregó y dio su vida en una cruz, no siendo culpable de pecado, para que todos tuviésemos oportunidad de tener acceso al trono de la gracia. Es precisamente esto lo que espera Jesús de nosotros, que nos sometamos a los procesos de Dios como él lo hizo entendiendo que “es un proceso” que no será eterno ya que seremos perfeccionados hasta el día de su venida. No desfallezcas y persiste en seguir el modelo de Cristo… búscalo, anhélalo, imítalo, espéralo… porque Cristo viene pronto y espera una iglesia a la expectativa de su venida porque sin santidad nadie verá a Dios.

Lectura bíblica recomendada:

1. Salmos 51:1-19

2. Efesios 4:17-31

3. Romanos 8:18-38

4. Romanos 4:1-25

5. 1 Juan 1:1-16

6. Jeremías 6:1-21

Bendiciones,
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