Febrero 2016 - Eres buen sembrador, también eres tierra fértil
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Eres buen sembrador, también eres tierra fértil?

Base bíblica: Marcos 4:1-20

1Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor de él mucha gente, tanto que entrando en una barca, se sentó en ella en el mar; y toda la gente estaba en tierra junto al mar.

2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina:

3 Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar;

4 y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron.

5 Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra.

6Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.

7 Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.

8Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.

9Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.

10Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola.

11Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas;

12para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.

13Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?

14El sembrador es el que siembra la palabra.

15Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones.

16Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo;

17pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan.

18Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra,

19pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

20Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.

Reflexión:

Nuevamente, leamos la parábola del sembrador, misma que utilizamos para la reflexión anterior pero esta vez nos enfocaremos en la faceta del creyente ya no como sembrador sino como tierra fértil.  En la reflexión anterior quedó establecido que todos los creyentes tenemos como prioridad el “hacer discípulos a todas las naciones” y esto es precisamente lo que hace un sembrador, lleva la semilla y la arroja con la esperanza de que en su momento crezca y de frutos, aun cuando esto ya no depende de él, pero para ser buenos sembradores también tenemos que ser tierra fértil ya que “de una misma fuente no puede salir agua dulce y agua amarga” (Santiago 3:11).  Entonces un creyente no solo tiene el compromiso de salir y esparcir la semilla (sembrar) sino que él mismo debe procurar ser tierra fértil para que la semilla que se ha sembrado en él también pueda dar frutos. 

Abordemos entonces el tema de cómo ser tierra fértil.  Los expertos en agricultura indican que para que una tierra sea fértil es imperativo que ésta antes atraviese un proceso de remoción de maleza y hierbas malas, de aireamiento y mullido, de allanamiento y de abonado.  Cada una de estas etapas tiene una labor  importante dentro del proceso de preparación de la tierra para que esta pueda estar óptima para la siembra, de la misma manera un creyente, para ser tierra fértil, debe atravesar estas mismas etapas de modo de ser aquella tierra fértil en la que la Palabra de Dios pueda caer, crecer y multiplicarse al ciento por uno.

Empecemos con la remoción de maleza y hierbas malas, la Palabra de Dios nos dice que no debemos sembrar entre espinos, es decir que debemos remover de la tierra la mala hierba que pueda impedir que nuestros cultivos se desarrollen y crezcan con libertad (Jeremías 4:3).   A diferencia de la cizaña que aparece una vez la siembra se ha realizado ya sea debido al poco cuidado del cultivo o por sabotaje, los espinos a los que se refiere la referencia bíblica son malezas que ya estaban en la tierra que se ha elegido para la siembra y que deben removerse ya que, o no permitirán que la semilla se entierre en el suelo o absorberán todos los nutrientes destinados a la semilla sembrada impidiendo así la producción del fruto deseado.

De este mismo modo, si el creyente no trabaja por mantener limpio su corazón de espinos, la semilla sembrada caerá entre ellos y será ahogada (no recibirá ni luz ni agua) y no dará frutos.  Estos espinos pueden ser pecados no confesados, conflictos personales no resueltos, deudas no saldadas, rencores, falta de perdón, soberbia, arrogancia, orgullo, celos o cualquier otro sentimiento no agradable a Dios con el cual no se ha tratado ni se ha erradicado.  Todas estas cosas permanecen en nosotros y, aun cuando la palabra de Dios llega a nuestro corazón, ésta es ahogada antes de poder dar frutos, es decir que impide que crezcamos y nos desarrollemos a nuestro entero potencial como seguidores de Cristo.

Entonces, una vez removida la mala hierba es igual de importante airear y mullir la tierra y esto básicamente consiste en darle movimiento a la tierra (mullir) de modo que esta quede suelta permitiendo que el oxígeno fluya a través de ella (airear).  Los expertos en agricultura añaden que para realizar este ejercicio es importante que la tierra no esté ni muy seca ni muy húmeda ya que  cuando esta muy seca las herramientas tienen que violentarla durante el proceso de mullido alterando la integridad del terreno y es probable que aun así queden trozos de tierra pegados que no permitirán que el agua o el aire fluyan a través de ellos.  Por otro lado, cuando la tierra está muy húmeda el proceso de mullido crea grandes lodazales los que se pegan al herramental del agricultor y además le impiden el libre movimiento en el terreno de cultivo y crean grandes grumos de tierra que al secarse corren la misma suerte que los de la tierra extremadamente seca. 

En la vida del creyente el proceso de mullido y aireado se lleva a cabo cuando este se congrega con otros creyentes como él… algunos lo mojarán siendo de bendición para su vida y crecimiento espiritual pero otros lo secarán mostrándole que muchos son los llamados pero pocos serán los elegidos… que hay muchos en el camino pero no todos son del camino (Mateo 23:13, Mateo 22:14).  Estos últimos serán parte de las herramientas de Dios para pulirlo como oro siendo labrado para obtener de él una joya preciosa. 

Además del mullido y aireado también está el allanamiento de la tierra el cual consiste en dejar pareja la superficie del terreno de modo que no tenga grandes grumos de tierra producto de un mal mullido y aireado o que no hayan sido alcanzados durante este proceso. Esta práctica además aumenta las probabilidades de que la semilla caiga en el lugar destinado facilitando así la recolección del fruto al momento de la siega.  En la vida del creyente podemos decir que esto se alcanza cuando recibimos del Espíritu Santo de Dios y ejercitamos el llamamiento, los dones, las habilidades y los talentos que son dados a todos los creyentes cuando le entregan su corazón a Cristo y se constituyen en templo de su Espíritu Santo. (1 Corintios 12:7-11).    

Por último está el proceso de abonado del terreno y esto consiste en nutrir con agentes externos la tierra de modo que tenga los nutrientes perdidos por cosechas anteriores ya que cada vez que se siembra y se cosecha la tierra sufre desgaste y pierde parte de sus propiedades lo que puede causar que las futuras cosechas no produzcan fruto en la cantidad y con la calidad deseada.  En la vida del creyente sucede de la misma forma ya que los eventos y situaciones del diario vivir nos desgastan y extraen de nosotros tanto que muchas veces perdemos la orientación, la fe, las esperanzas en la humanidad y la confianza en nuestro prójimo y solo en es Jesús que encontramos ese alimento que nos puede nutrir de modo que no tengamos hambre ni sed jamás (Juan 6:35).

Este alimento lo obtenemos a través de la búsqueda de una constante comunión con Jesús en los mensajes dispensados por nuestros líderes, los estudios y las lecturas bíblicas que realizamos así como en la oración y el ayuno entendiendo que solo en él llegamos a ser y nos mantenemos siendo tierra fértil.

Apreciado lector, culmine este espacio de reflexión tomando un tiempo para evaluar su condición como tierra fértil. ¿Está usted procurando la limpieza, nutrición y el mullido y aireamiento de su corazón como terreno en donde cae la semilla de Dios?  ¿Se siente desgastado y sin fuerzas como obrero en el camino de Dios? ¿Se preocupa solo por su labor como sembrador mas no por su calidad de tierra fértil?

Liste todas las áreas de su vida que necesiten ser tratadas y defina el plan a seguir de modo que pueda encontrar el tratamiento que le hace falta para volver a convertirse en esa tierra fértil que le permita no solo trabajar para el esparcimiento de la Palabra de Dios a todas las naciones sino también a usted mismo ser parte de esas naciones sobre las cuales la gloria de Dios se expande.  Evite terminar como la Sulamita que reconoció haber descuidado su viña por cuidar la de sus hermanos y aun así ellos se enfadaron con ella (Cantares 1:6-8)… dicho de otra forma, para poder dar de gracia hay que haber recibido de gracia (Mateo 10:8).

Una vez identificadas las áreas de carencia, determine cuáles son las medidas necesarias que debe tomar para fortalecer sus áreas débiles… cierre este tiempo en oración buscando a través de este ejercicio refrigerio en la presencia de Dios. 

Lecturas recomendadas:

  1. Santiago 3:1-16
  2. Jeremías 4:1-4
  3. Mateo 23:1-36
  4. Mateo 22:1-14
  5. 1 Corintios 12:1-11
  6. Juan 6:25-59

Bendiciones,
Respuesta Bíblica.com

 

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