Abril 2016 (Semana 1) - La vida del discípulo de Cristo
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
  • Devocionales, estudios bíblicos y otros recursos que le ayudarán en su crecimiento espiritual.
  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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La vida del discípulo de Cristo

Base bíblica: 1 Samuel 1:1-22

1En Ramatayin de Sofín, de los montes de Efraín, vivía un varón llamado Elcana hijo de Jeroán, que era descendiente en línea directa de los efrateos Eliú, Tohu y Suf. 2Elcana tenía dos mujeres; una de ellas se llamaba Ana, y la otra, Peniná. Ésta tenía hijos, pero no así Ana. 3Todos los años Elcana salía de su ciudad para ir a Silo y adorar allí al Señor de los ejércitos. Allí oficiaban como sacerdotes Jofní y Finés, hijos de Elí. 4Al llegar el día en que Elcana ofrecía sacrificio, les daba su parte a Peniná, su mujer, y a todos sus hijos y sus hijas, 5pero a Ana le daba la mejor parte, porque la amaba, aunque el Señor no le había concedido tener hijos. Pero Peniná la molestaba y la hacía enojar hasta entristecerla, porque el Señor no le había concedido tener hijos. Y cada año era lo mismo: Peniná se burlaba de Ana cada vez que iban a la casa del Señor, y por lo tanto Ana lloraba y no comía.

8Un día, Elcana le preguntó: «Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Por qué estás afligida? ¿Acaso yo no soy para ti mejor que diez hijos?»9Y Ana se levantó, después de comer y beber en Silo. El sacerdote Elí estaba sentado en una silla, junto a un pilar del templo del Señor. 10 Entonces ella oró y lloró al Señor con mucha amargura, 11 y le hizo un voto. Le dijo:

«Señor de los ejércitos, si te dignas mirar la aflicción de esta sierva tuya, y te acuerdas de mí y me das un hijo varón, yo te lo dedicaré, Señor, para toda su vida. Yo te prometo que jamás la navaja rozará su cabeza.»

12Y mientras ella oraba largamente delante del Señor, Elí la observaba mover los labios. 13 Y es que Ana le hablaba al Señor desde lo más profundo de su ser, y sus labios se movían pero no se oía su voz, así que Elí creyó que estaba ebria. 14Entonces le dijo: «¿Hasta cuándo vas a estar ebria? Digiere ya tu vino.» 15Pero Ana le respondió: «No, señor mío; no estoy ebria. No he bebido vino ni sidra. Lo que pasa es que estoy muy desanimada, y vine a desahogarme delante del Señor. 16 No pienses que tu sierva es una mujer impía. Es tan grande mi congoja y mi aflicción, que hasta ahora he estado hablando.»

17Elí le respondió: «Vete en paz, y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.»

18Y ella respondió: «Espero que veas con buenos ojos a esta sierva tuya.»

Y Ana se fue de allí, y comió, y dejó de estar triste. 19Por la mañana, adoraron delante del Señor y regresaron todos a su casa en Ramá. Allí, Elcana tuvo relaciones con Ana, y el Señor se acordó de lo que ella le había pedido. 20 Ana quedó embarazada y, cuando se cumplió el tiempo, dio a luz un hijo, al que le puso por nombre Samuel, pues dijo: «Yo se lo pedí al Señor.» «Yo no iré hasta que destete al niño. Entonces lo llevaré y lo presentaré al Señor, para que se quede allá para siempre.»

Reflexión:

La Semana Santa, principal festividad de la iglesia cristiana, debe ser para el discípulo de Cristo un recordatorio del propósito principal por el que fue llamado: “haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19) con todo y lo que esto implica esto entendiendo que un discípulo es aquel que ha superado la etapa de creyente pasivo para asumir su posición de seguidor de Cristo siendo la principal diferencia entre ambos el hecho de que el discípulo ha pasado de la pasividad a la acción… la realidad es que, como nos dice la Biblia en Santiago 2:19-20, “Pero alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno. Haces bien; también los demonios creen, y tiemblan. Pero, ¿estás dispuesto a admitir, oh hombre vano, que la fe sin obras es estéril?”

Esta reflexión es el inicio de una serie de cuatro estudios en los que exploraremos la realidad de la vida del discípulo de Cristo tomando como referencia el ejemplo de hombres y mujeres de la Biblia que hoy día conocemos como grandes profetas de la fe pero que en realidad atravesaron situaciones y vivencia que los hicieron llegar a pensar que Dios los había abandonado. Veremos a través de sus vivencias que todos podemos llegar a sentir desesperación, angustia, tristeza e incertidumbre, pero que nada de esto nos podrá apartar del amor de Dios (Romanos 8:35-39).

 

Ana, una de las dos esposas de Elcana, durante muchos años anheló tener hijos pero esto no sucedía… durante años veía como la otra de sus esposas que si había tenido hijos se regocijaba con ellos e incluso se burlaba de ella por su esterilidad. Es evidente que Ana era creyente ya que cada año acompañaba a su familia a la casa de Dios a ofrecer sacrificio como era usual en la época, esto muy a su pesar ya que cada año Peniná, la otra esposa de Elcana la humillaba y le recordaba lo infeliz que su situación la tenía. Podemos ver además que Ana no solo era creyente sino que también era discípula de su Dios ya que, en el momento de mayor desesperación ella hizo conforme a lo que Dios espera de sus discípulos, ya que aun cuando estaba sometida a la burla de sus iguales y al juicio de sus líderes religiosos ella:

 

- Se levantó luego de comer y beber.

Un discípulo de Cristo no se queda postrado ante la adversidad sino que, como Ana, se levanta y busca de Dios y de su presencia… Ana no contaminó a su familia con su queja… Ana no permitió que su matrimonio se deteriorara por su tristeza… Ana no buscó justicia en contra de quienes la afligían… Ana tampoco respondió con agresión ante quien la agredía sino que en medio de su tristeza se levantó y fue al Templo y fue allí en donde descargó su corazón delante de Dios. Ana es un ejemplo de lo que nos dice Pablo en 2 Corintios 4: “Creí, y por lo tanto hablé», nosotros también creemos, y por lo tanto también hablamos… Por lo tanto, no nos desanimamos. Y aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando de día en día”.

 

- Oró y lloró al señor.

Al igual que Ana, un discípulo de Cristo sabe que puede ir a Dios en oración, llanto y súplica ya que un corazón contrito y humillado Dios no echa fuera (Salmos 51:17). Un discípulo de Cristo sabe que “Su enojo dura sólo un momento, pero su bondad dura toda la vida... que tal vez lloremos durante la noche, pero en la mañana saltaremos de alegría (Salmos 30:5)… Un discípulo de Cristo sabe que “El que con lágrimas anda, llevando la semilla de la siembra, en verdad volverá con gritos de alegría, trayendo sus gavillas (Salmos 126:6).

 

- Hizo un voto al Señor.

Ana abrió su corazón a Dios y mostró sus sentimientos… su oración no estaba orientada solo a la satisfacción de lo que más anhelaba en su corazón sino que hizo un voto a Dios de que si él le concedía aquello que más deseaba entonces ella lo consagraría a él, esto nos muestra que el anhelo de su corazón también buscaba la gloria de Dios. ¿Estaría usted dispuesto a entregarle a Dios lo que más anhela? Ana además es una muestra de que cuando pedimos como conviene y no para nuestros propios deleites recibimos nuestra petición (Santiago 4:3-5)

 

- Creyó a la promesa de Dios

Cuando el sacerdote del templo vio a Ana en medio de su aflicción y confundió su oración por ebriedad ella no reaccionó de modo violento ni se sintió ofendida ni desestimó la promesa de Dios a través de ese mismo hombre que no había sabido entender su momento... la fe de Ana era tan grande que no perdió el enfoque cuando fue interrumpida en su clamor sino que mantuvo su actitud de reverencia y humillación delante de Dios lo que le permitió recibir lo que de Dios había para ella. Cualquiera diría que Ana vivía conforme a la palabra de Jesús en Mateo 21:22 “Si ustedes creen, todo lo que pidan en oración lo recibirán”.

 

Más adelante en el relato vemos como, luego de recibir la promesa de Dios para su vida, Ana se levantó y dejó de llorar y estar triste ya que la promesa recibida había caído en buena tierra, la promesa había caído en el corazón de una mujer que creía en el poder de quien había prometido y cuyo brazo no se había acortado para bendecirla (Isaías 59:1). Aun más, la Biblia nos dice que la mañana siguiente Ana se levantó y junto a su familia le adoró y luego se fue hacia su casa y motivada y en fe estuvo con su esposo que Dios se acordó de lo que ella le había pedido y entonces concibió y, pasado el tiempo dio a luz a un varón a quien, conforme a lo que le había prometido consagró a Dios y lo entregó al Templo para que le sirviera a tiempo completo (1 Samuel 1:26-28). Ana conocía y honraba a Dios quien es poderoso para hacer que todas las cosas excedan a lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20), evidencia de esto es el hecho de que luego de que Ana le entregara a Dios aquello que más anhelaba Dios le dio 5 hijos más (1 Samuel 2:21).

 

Apreciado lector, ciertamente el camino del discípulo de Cristo está lleno de obstáculos que en su momento parecen insuperables, injustos y hasta crueles sin embargo el discípulo de Cristo reconoce que su ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; él transformará el cuerpo de nuestra humillación, para que sea semejante al cuerpo de su gloria, por el poder con el que puede también sujetar a sí mismo todas las cosas (Filipenses 3:20-21). El verdadero discípulo de Cristo entiende que “si alguno quiere venir en pos de Jesús, debe negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirlo. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa de mí, ése la salvará (Filipenses 9:23-24).

 

Culmine este periodo de lectura y reflexión tomando un tiempo para pensar en su posición como creyente e identifique las etapas que aun debe superar para pasar de creyente a discípulo. Ciertamente Jesús perfeccionará su obra en nosotros hasta el día de su venida (Filipenses 1:6) y para que esto sea así usted debe someterse a las manos del alfarero y permitir que él moldee su vida y lo someta al fuego necesario para sacar de usted brillo y belleza.   Tenga en cuenta que la única forma de salir del fuego con este brillo y belleza es siendo disciplinado con la lectura de la Biblia, la oración y la congregación con otros creyentes… en otras palabras, con la búsqueda continua de la presencia de Dios entendiendo que él es la vid y nosotros los pámpanos y que solo daremos buen fruto si nos mantenemos pegados a él (Juan 15:5).

 

Lectura bíblica recomendada:

1. 1 Samuel 1:1-21

2. 2 Corintios 2:7-18

3. Santiago 4:1-12

4. Mateo 21:18-27

5. Efesios 3:1-20

6. Santiago 2:1-26

 

Bendiciones,
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