Semana del 9 de agosto de 2015 - El poder de las palabras
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
  • Devocionales, estudios bíblicos y otros recursos que le ayudarán en su crecimiento espiritual.
  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
  • 1
  • 2
  • 3

El poder de las palabras

 

Base bíblica: Santiago 3:1-12

 

1 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.
2 Por que todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.
3 He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.
4 Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.
5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, !!cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.
7 Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana;
8 pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.
9 Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.
10 De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
11 ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?
12 Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.

 

Reflexión:

¿Se ha encontrado alguna vez a una madre que cuando le preguntan por sus niños pequeños ella responde que se portan mal y cuando lo dice esto lo hace como si estuviese orgullosa de que esto fuese así? ¿Ha escuchado a alguien afirmar que su cónyuge es infiel por naturaleza y que siempre será así? El que Dios nos haya hecho a su imagen y semejanza significa también que así como poder salió de su boca cuando dijo “sea la luz” y se hizo la luz del mismo modo hay poder en las palabras que salen de nuestra boca… Proverbios 18: 21 nos dice que “la muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos”.

Aun cuando podríamos pensar que probablemente no hay mala intención en las palabras de estas personas o que sencillamente éstas no miden las consecuencias o el peso de sus palabras, la realidad es que cuando hablamos iniciamos un proceso de comunicación compuesto no solo por el que habla sino también por los que lo escuchan y esto tiene efectos tanto en el plano natural como en el plano espiritual. Dicho de otra forma, cuando hablamos no solo nos escucha Dios y probablemente nuestro prójimo, también nos escucha satanás… y como dicen algunos sabios “si ha satanás no se le había ocurrido entonces nosotros le damos las ideas”.

Lo que sale de nuestras bocas no solo es importante para con Dios sino también para con los que nos rodean ya que no podemos decir que amamos a Dios a quien no hemos visto si no somos capaces de amar a nuestro prójimo (1 Juan 4:20). El discípulo de Cristo es llamado para ser sal, esto es para sazonar el mundo… en términos culinarios la sazón es lo que potencia el sabor de los alimentos haciéndolos apetecibles al comensal… pero cuando el condimento pierde su carácter sazonador sencillamente deja de añadir valor al alimento, este pierde su utilidad; peor aun, cuando la sazón lejos de hacer apetecible el alimento lo amarga, agria o echa a perder, entonces en este punto la sazón más que perder su utilidad se hace perjudicial. Dicho de otra forma, si usted cocina una pieza de pollo y le agrega un punto de sal notará que su sabor es más agradable al paladar en comparación a cuando no le echa sal, si por otro lado le echa mucha sal entonces esa pieza de pollo quedará intolerable al gusto y no solo eso, lo más probable es que además sea perjudicial a la salud del comensal. Mateo 5:13 nos dice “vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”.

La realidad de esto es que solo existen tres opciones y las tres tienen consecuencias: el ser sal que da buena sazón significa que estamos siendo obedientes a la Palabra de Dios y que estamos cumpliendo el propósito de Dios para nuestras vidas y la Biblia nos cita en Deuteronomio 28 las múltiples bendiciones de la obediencia. En el segundo grupo están los que son sal pero han perdido sus propiedades para sazonar, estos sencillamente están pero no cumplen con su propósito aun cuando tienen el conocimiento de para qué fueron llamados… Marcos 9:50 nos dice que “la sal es buena; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y estad en paz los unos con los otros”. Este segundo grupo viene a ser como aquellos a los que la Biblia menciona que no son ni fríos ni calientes sino tibios y que a aquellos Dios vomitará de su boca (Apocalipsis 3:15-16). En el tercer grupo están los que no aportan sabor ni sazón sino que echan a perder todo el manjar… estos vienen a ser como esa pizca de levadura que leuda toda la masa (Gálatas 5:9).

Si llevamos lo anterior al contexto que estamos tomando como base para esta reflexión podemos entender entonces que nuestras palabras tienen el poder de aportar bendición, de ser ociosas o vacías y no aportar valor o de ser negativas, nefastas y de maldición a los que las escuchan. ¿A qué grupo pertenece usted? ¿Cómo son sus palabras? Cuando los demás se involucran en conversaciones en dónde solo se critica, maldice, o se habla mal de otros, ¿qué hace usted? La Biblia nos dice en Efesios 4:29 que “no salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan”.

La Biblia nos dice que bueno no hay ni tan solo uno solo y ese es Dios (Marcos 10:18), y si no hay ninguno bueno entonces, ¿cómo podemos hablar buenas cosas? ¿cómo podemos bendecir? Respuesta sencilla, “el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca”, Lucas 6:44. Esto significa básicamente que no tenemos la capacidad de ser buenos sin la intervención de Dios en nuestras vidas. La Biblia nos dice que es Dios el que pone en nosotros el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad (Filipenses 2:13)… nosotros somos el motor, Dios pone el combustible, la chispa para que se produzca la ignición y el motor inicie su marcha tiene que venir de cada cual.

Es importante que cada individuo reconozca su naturaleza frente a Dios y busque en él de la buena semilla que solo el Espíritu Santo de Dios es capaz de producir. Es el Espíritu Santo de Dios el que produce buen y abundante fruto en aquel que procura convertirse en buena tierra. Y esta promesa es fiel, y es en Dios si y amen, ya que su Palabra nos dice en Juan 7:38 “el que cree en mí, como ha dicho la Escritura: “de lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva”. Ciertamente la única manera de que de nuestro interior broten palabras que den vida es si creemos en Jesucristo y en su sacrificio en la cruz… y no solo es creer sino el ser obedientes a su Palabra.

Apreciado lector, la Palabra de Dios nos exhorta a que andemos sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo y a que sea nuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepamos cómo debemos responder a cada uno (Colosenses 4:5-6). La Palabra de Dios nos dice que de nuestra boca no puede emanar bendición a Dios y maldición a los hombres ya que de una misma fuente no puede brotar agua dulce y agua amarga al mismo tiempo. Si aceptamos que por sí solos no podemos ser buenos si no que nos sometemos al dominio y control del Espíritu Santo a través del cual Dios perfeccionará su obra en nosotros hasta el día de la venida de Cristo (Filipenses 1:6) entonces tendremos un corazón en el cual habrá un buen tesoro, nos constituiremos en fuente de la cual brotarán palabras de bendición y no de maldición, seremos fuente de la cual muchas querrán beber porque en ella hay agua viva, seremos capaces de añadir sazón!!

Culmine esta reflexión tomando un tiempo para meditar en lo leído y permita que Dios hable a su vida. Le invitamos a hacer un compromiso con usted mismo y delante de Dios de trabajar para convertirse en fuente de la cual broten solo palabras de bendición y que esto sea así sin importar las circunstancias… recuerde que somos llamados a bendecir aun a los que nos maldicen. Finalmente tome un tiempo para buscar a Dios en oración y clame por su vida, arrepiéntase de toda palabra ociosa que ha salido de su boca y de todas las veces que sus palabras no han sido de bendición para otros. Este compromiso hágalo cada día y procure perseverar en él.

Lectura semanal sugerida:

1. Proverbios 18:1-24

2. Mateo 12:22-37

3. Efesios 4:17-32

4. Mateo 5:1-16

5. Romanos 3:9-20

6. Juan 7:37-52

Bendiciones,

Respuesta Bíblica.com

Who's Online

Hay 64 invitados y 23 miembros en línea

Estudios Bíblicos