Semana del 4 de enero, 2015 - Estás en la agenda de Dios, ¿está él en la tuya?
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
  • Devocionales, estudios bíblicos y otros recursos que le ayudarán en su crecimiento espiritual.
  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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Tú estás en la agenda de Jesús, ¿está él en la tuya?

Base bíblica:  Lucas 19:1-10

1Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad.
2 Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico,
3 procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura.
4 Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.
5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.
6 Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso.
7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador.
8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.
9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.
10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Reflexión:

En la época de Zaqueo, un publicano era aquel que se dedicaba a la recolección de impuestos a nombre del Estado.  El salario de los recolectores de impuestos consistía en una especie de comisión por cobro que ellos mismos obtenían de lo que recolectaban.  Normalmente, para asegurar buenas ganancias, los recolectores oprimían y acosaban a la ciudad a la que estaban asignados y la mayoría de las veces cobraban de más para enriquecerse, en el caso de Zaqueo no era la excepción.  Lo que hacía peor la figura de Zaqueo es que el hacía esto en representación de gobernantes extranjeros que oprimían al pueblo del cual él descendía esto hacía de Zaqueo no solo un avaro sino también un traidor ante los ojos de sus compatriotas.

Este mismo hombre, como todos en su ciudad, había oído hablar de Jesús, de las grandes cosas que hacía y algo sucedió en su corazón ya que formó parte de aquella multitud que rodeaba a Jesús durante su paso por la ciudad y, en medio de su afán por verlo subió a un árbol ya que su corta estatura lo dejaba en desventaja frente al tumulto.   De hecho, no solo su estatura lo dejaba en desventaja sino que, el ser un cobrador de impuestos lo hacía una de las personas menos queridas de la ciudad así que no es que sus conciudadanos quisiesen hacer mucho por él como para darle paso y permitirle ver a Jesús.  Imagínese usted al peor de sus vecinos… a aquel vecino que, sin importarle el bienestar de los que viven a su alrededor, pone la música a todo volumen privando así a sus vecinos de un cómodo sueño cada noche.  Este mismo vecino es el que no contesta los buenos días, que se acompaña de delincuentes y que representa una mala influencia para los jóvenes de su comunidad.  En esta figura también cabe aquel compañero de trabajo o familiar que normalmente es el centro de discordia en el grupo… aquel cuyos comentarios son casi siempre negativos, viciosos y ofensivos y que pareciera gozarse y provocar el mal a los que están a su alrededor.  ¿Procuraría usted darle paso expedito en la fila del supermercado para que él pague primero aún estando atrás en la fila?

En una situación así se encontraba Zaqueo y aún cuando la mayoría de sus conciudadanos no deseaban estar cerca de él, Jesús miró hacía donde él estaba y puso toda su atención sobre él,  solo esto hizo falta para que Zaqueo cambiara su manera de vivir.  Ese día precisamente Zaqueo fue parte de la agenda de Jesús y quedó registrado como un evento en la vida del Mesías.  En aquel día, Zaqueo atendió al llamado de Jesús y tal y como nos dice Apocalipsis 3:20, el oyó la voz de Jesús y abrió la puerta así que Jesús entró, cenó con él y él cenó con Jesús.  Ciertamente Jesús tocó a la puerta de Zaqueo ya que fue él quien hizo la invitación aún cuando no era esta su casa… sí, Jesús se auto invitó a cenar aún cuando según el protocolo social era el dueño de la casa quien hacía la invitación.  Fue a través de esta invitación que Jesús le expresó a Zaqueo su necesidad de convivir con él sabiendo que solo a través de él Zaqueo encontraría el camino a la redención ya que solo Jesús era y es el camino, la verdad y la vida y nadie llega al Padre sino es por él (Juan 14:6).

Aun hoy día es así ya que es Jesús quien se auto invita y toca a nuestra puerta para entrar y cenar con nosotros.  Es así ya que la Biblia nos dice Filipenses 2:12-13 que es Dios el que pone en nosotros el querer como el hacer… y más aún nos dice en Romanos 3:9-31 que nadie busca a Dios por sí solo, que no hay quien entienda o quien haga lo bueno pero que para esto nos es dada la fe en Cristo Jesús siendo justificados gratuitamente por su gracia mediante su redención.  Esta invitación la recibimos cada día de nuestras vidas… Estamos en la agenda de Jesús y por esto él toca a nuestra puerta cada vez que nos regala un día de vida, cada vez que provee lo necesario para nuestro sustento, cada vez que nos salva de cosas que ni imaginamos que atentan en nuestra contra, cada vez que propicia rupturas en relaciones que no son edificantes para nosotros, cada vez que como Padre amoroso nos disciplina.

Para ser salvos no es suficiente con estar en la agenda de Jesús, él también tiene que estar en la nuestra.  Para agendarlo debemos hacer como hizo Zaqueo

1.  Descendió con prisa.  

Zaqueo respondió al llamado de Jesús inmediatamente, su respuesta no fue como la de aquellos que le dijeron a Jesús que le seguirían pero después de ocuparse de algunos pendientes.  La respuesta de Jesús para ellos fue de que ninguno que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios (Mateo 9:57-62).   

2.  Le recibió con gozo.

Este publicano seguramente solía lidiar con el rechazo de su prójimo del mismo modo en que todos hoy día, en algún momento o circunstancia de nuestras vidas, debemos enfrentar el rechazo. Jesús le mostró a Zaqueo que sus brazos que el no hacía acepción de personas… esto transformó a un hombre solitario y despreciado en un hombre con gozo que asumió la misma actitud que un día asumió David cuando escribió en Salmos 28:7 que Jehová es su fortaleza y que por esto se gozaba su corazón.  Es precisamente esta la actitud que Jesús espera de nosotros cuando le abrimos la puerta de nuestros corazones.

3.  Se puso a cuentas con su prójimo y con Dios. 

La rendición de cuentas con nuestro prójimo es igual de importante que la que hacemos delante de Dios.  Precisamente Jesús enseñó que entrando nosotros en comunión con él recordamos que tenemos una cuenta pendiente con un hermano, debemos ir y reconciliarnos con nuestro hermano primeramente para luego poder seguir en comunión con él (Mateo 5:23-24)

4.  Recibió el regalo que Jesús le ofrecía, la salvación.

Cuando Zaqueo escuchó la invitación de Jesús no se solamente dejó con prisa lo que estaba haciendo, se alegro y se reconcilió con aquellos a quienes él había defraudado sino que también aceptó la oferta de Jesús, abrió la puerta y le permitió entrar.  La Biblia nos dice en esta línea que la fe debe ir acompañada de obras para que la misma no muera sino que de frutos (Santiago 12:14-17).

Apreciado hermano, es común encontrarnos tan ocupados y con tantos compromisos en nuestra agenda diaria que dejamos de lado lo que es realmente importante… no nos damos cuenta de que justo en la puerta está Jesús llamando.  Estamos tan ocupados que hemos no percibimos el llamado de Jesús cuando toca o muchas veces hasta abrimos la puerta, salimos y dejamos a Jesús en la puerta a la espera de que volvamos a casa.  

Finalice este tiempo devocional tomando un tiempo para reflexionar en cómo ha manejado sus prioridades y en cómo puede reescribir su hoja de ruta de modo que Jesús entre en su agenda del mismo modo en que usted está en la de él.  Recuerde que no es suficiente con escuchar el llamado a la puerta sino que también hay que levantarse, abrir la puerta, dejar entrar a Jesús y cenar con él (comunión).  Seguidamente tome un tiempo para orar y entrar en comunión con Jesús.  Para finalizar, escriba un compromiso para usted en el que defina cómo hará de Jesús la actividad más importante en su agenda.  Una vez hecho esto, procure poner esta hoja de compromiso en un lugar en donde pueda verla regularmente y cumpla con lo formulado.

Lecturas recomendadas:

1.  Apocalipsis 3:14-21
2.  Juan 14:1-14
3.  Filipenses 2:2-18
4.  Romanos 3:9-31
5.  Romanos 5:1-11
6.  Lucas 9:51-62

Bendiciones!!!!

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