Semana del 30 de marzo al 5 de abril de 2014 - Permite que tu fe te lleve
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
  • Devocionales, estudios bíblicos y otros recursos que le ayudarán en su crecimiento espiritual.
  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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Permite que tu fe te lleve hasta que puedas ver

Texto bíblico: Juan 9:1-12

1Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?
Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.
Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.
Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.
Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego,
y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.
Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?
Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.
10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.
12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé.

Reflexión:

La Biblia nos dice que la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1). En los tiempos bíblicos se observaba comúnmente que las personas asociaban la enfermedad o padecimiento de un individuo con el pecado ya sea suyo o de sus familiares. De hecho, la realidad es que, aún el día de hoy muchos cristianos erróneamente asocian algunas enfermedades como la epilepsia, el Alzheimer y la esquizofrenia con pecado o posesión de demonios o tibieza espiritual. Sin embargo, este fragmento bíblico nos ilustra de modo pertinente y nos muestra cual es la realidad, en la mayoría de los casos en donde se presenta una enfermedad. Esto no significa que la condición espiritual de un individuo no pueda llevarlo aun a la decadencia física, lo que significa es que solo Dios conoce quiénes confrontan una enfermedad por esta causa. Si el pecado fuera la causa primaria de las enfermedades entonces la raza humana se habría extinguido hace mucho tiempo o todos seríamos o ciegos, sordos, cojos o lisiados de nacimiento ya que la Biblia nos dice que “todos somos pecadores y estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).

Lo asombroso de este relato es la actitud del ciego. Desde su nacimiento estaba en la oscuridad y probablemente había desarrollado otras habilidades que le permitían subsistir. También es probable que sus esperanzas de poder ver algún día, fuesen nulas. A este hombre que jamás había visto se le acercó un revolucionario de quien se hablaban maravillas: había sanado a un paralítico en Betesda y al hijo de un noble; había multiplicado el pan para dar de comer a muchos, en fin, se decía que éste era el enviado de Dios.

A este hombre ciego de nacimiento se le acerca precisamente este hombre del que todos hablaban y, acto seguido, escupe en el suelo y forma lodo y se lo unta en los ojos y además le da instrucciones de ir a un estanque a lavarse diciéndole que así recobrará la vista. Intentemos por un momento tomar el lugar del ciego. Estamos sentados en un parque charlando con alguna otra persona del lugar acerca de un individuo que dicen que ha hecho muchos milagros. En nuestra mente hasta podría dudar ya que, como no veo no puedo testificar de la veracidad de las historias. De repente escucho que se acerca una multitud de personas murmurando y haciendo comentarios acerca de mí y de la posible razón por la cual estoy ciego. Obviamente esto llama mi atención. En breve este hombre, el hombre del momento, se me acerca y de repente escucho como escupe hacia el suelo de tierra y forma con su mano una masa de lodo y saliva y me la unta en los ojos y para terminar de añadirle más drama al asunto me da instrucciones sin mucho sentido ya que yo bien podría lavarme con el agua de cualquier cántaro o sencillamente limpiarme el lodo con un manto, pero no, el me dijo que fuera hasta un estanque para lavarme y así recobrar la vista. ¿Qué haría yo, seguiría sus instrucciones o lanzaría algún cuestionamiento? He aquí la visión poderosa de alguien que ni siquiera podía ver.

El relato no menciona en ningún momento que el ciego cuestionara las instrucciones de Jesús. Ciertamente no habría sido extraño que cuestionara la medida ya que, para añadir pesar a su condición le untan lodo y lo envían a otro lugar justo cundo muchos comentan que probablemente está así a causa de algún pecado… ¿acaso este hombre tan poderoso que ya ha sanado enfermos solo con su palabra no podía sencillamente tocar mis ojos y hacerme ver? Aún cuando un ciego desarrolla habilidades sensoriales sobresalientes para movilizarse en la oscuridad, sigue siendo un reto desplazarse de un lado a otro. Sin embargo, este hombre no dudo, no titubeo, sencillamente se levantó y siguió las instrucciones que le habían dado. Aún cuando no veía fue más visionario que muchos de los que estaban en el lugar y tuvo fe, y fue esta fe la que lo movió a caminar hacia el lugar al que lo habían enviado.

En la Biblia encontramos otro ejemplo de un personaje llamado Naamán quien era leproso (2 Reyes 5:1-14). Este hombre era poderoso y tenía muchas influencias, tanto que el rey de Siria envió carta al rey de Israel a su favor para que, según instrucciones de una de las sirvientas de su esposa, este obtuviera acceso para ver a un profeta que podría sanarlo. Llegando Naamán hasta donde estaba el profeta, no pudo verlo sino que éste envió a uno de sus criados a que le diera ciertas instrucciones para que pudiera ser sano. El siervo del profeta le dijo que fuese al río Jordan y que se lavase 7 siete veces y así sanaría de su lepra. Naamán enfureció y cuestionó las instrucciones que le fueron dadas. El esperaba un trato exclusivo… esperaba un milagro en medio de un escenario espectacular en donde el profeta saliera e invocara a su Dios y ocurriera una transformación de su piel dejándola tersa y limpia de llagas. De no ser porque sus criados lo persuadieron de ir y hacer como le habían indicado probablemente él no habría seguido las instrucciones sin embargo, lo hizo y fue sano.

Ambos personajes, el hombre ciego de nacimiento y Naamán padecían de una enfermedad y solo a través de una persona actuando en el nombre de Dios ellos podrían ser sanados. La sanidad de ambos estaba condicionada a instrucciones que debían seguir con precisión… instrucciones que venían de alguien a quien, por una razón o por otra, no podían ver. La diferencia entre ambas historias estuvo en la actitud de estos personajes frente a las instrucciones recibidas. Naamán enfureció y protestó… el ciego de nacimiento en el acto se levantó y las actuó. Naamán, luego de protestar y a regañadientes fue al río y su lepra desapareció, entonces creyó. El ciego creyó y fue al estanque y recobró la vista.

Más adelante en la historia de la vida de ambos personajes vemos un detalle importante: Naaman, luego de ser sano reconoció que Dios era poderoso y junto a sus acompañantes fueron a ver a Eliseo, quien fue el instrumento de Dios para sanarlo… sin embargo el ciego que creyó y además testificó de su sanidad a todo el que le preguntaba no tuvo que ir en búsqueda del instrumento de Dios sino que el instrumento que Jehová había usado para sanarlo, su hijo Jesús, lo encontró a él . Ambos recibieron la sanidad mas uno tuvo que ir y buscar el instrumento que Dios había usado para sanarlo y así poder ofrecer sacrificio de adoración a Dios; el otro, el que creyó, a éste el mismo Dios lo buscó y pudo adorarle en cuerpo presente (Juan 9:35) y tuvo el privilegio de verle porque, cuando recibió sus palabras, aún no veía.

Muchas son las pruebas y los obstáculos que afrontamos cada día… en algunas ocasiones es la enfermedad, en otras la escasez o crisis financiera, el divorcio o la rebeldía de un hijo… y muchos buscamos a Dios como lo hizo Naamán, a otros nos alcanza Dios como sucedió con el ciego de nacimiento. En cualquiera de los casos, nuestra actitud debe estar orientada por la fe en aquel que es Todopoderoso, Cristo Jesús!!

En la Biblia encontramos instrucción acerca de cómo debe ser nuestra fe (Mateo 17:20). Es en la Biblia en donde encontramos el modelo correcto para afrontar cada día. Puede ser que las instrucciones de Dios en cuanto a cómo manejar las pruebas y cómo superar los obstáculos no nos parezcan acertadas o viables pero es Él el dueño de la sabiduría y solo Él ve el panorama completo (Daniel 2:20). Solo Dios conoce los tiempos, solo Él sabe como termina la historia, así que ciertamente sus instrucciones deben ser las únicas a seguir. Isaías 55:8 nos dice “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.” Ciertamente, las misericordias de Dios son nuevas cada día (Lamentaciones 3:22-23).

Termine este tiempo de reflexión examinando sus actitudes frente a las pruebas y/o obstáculos. ¿Es usted de los que obedecen protestando o de los que se levanta y actúa en fe y sin protestar? Dios es bueno y perdonador… acérquese a Él en oración y preséntele su corazón. La Biblia nos dice que Dios perfeccionará su obra en nosotros hasta el día de su venida (Filipenses 1:6). Busque en la presencia de Dios la fortaleza necesaria y pídale cada día que le de la sabiduría para fortalecer su fe en Él.

Le recomendamos las siguientes lecturas para el resto de la semana:

1. Hebreos 11:1-39

2. 2 Reyes 5:1-19

3. Mateo 17:14-21

4. Daniel 2:1-23

5.  Lamentaciones 3:1-33

6.  Filipenses 1:1-30

Bendiciones!!

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