Semana del 3 de noviembre, 2015 - Dando de gracia lo que hemos recibido de gracia
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
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  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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Dando de gracia lo que hemos recibido de gracia

Base bíblica: Hechos 3:1-10
 
Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.
2 Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.
3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna.
4 Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos.
5 Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo.
6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos;
8 y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.
9 Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.
10 Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.
 
 
Reflexión:
 
 
Pedro aquel hombre que acompañó a Jesús durante sus años de ministerio en la tierra y a quien conocimos tanto por sus desaciertos como por su ímpetu y estrecha relación con Jesús fue aquel quien retó a Jesús a que lo hiciera caminar sobre las aguas (Mateo 14:22-33);  el mismo quien apresuradamente sugirió hacer tres enramadas a causa de la a aparición de Moisés y Elías luego de la transfiguración de Jesús (Mateo 17:1-13);  el mismo quien increpó a Jesús a evitar el sacrificio y muerte (Marcos 8:31-38)… también fue el mismo quien, por fe y en el nombre de Jesús, lanzó la red al mar para pescar aun cuando lo había hecho ya en varias ocasiones pero sin éxito alguno, y obtuvo aquella pesca milagrosa (Juan 21:1-14).  Todas estas y aun más estremecedoras e impactantes experiencias que Pedro vivió fueron las que lo convirtieron en el apóstol que luego, conforme a la palabra de Jesús, obró grandes milagros.
 
 
 
Es posible que nos imaginemos a los líderes de la iglesia de la época bíblica como personas impolutas, sin defectos y de carácter inquebrantable sin embargo eso no fue así con los discípulos de aquel entonces ni es así con los creyentes y líderes de la iglesia cristiana de hoy día.   Pedro, por ejemplo, fue un hombre común con muchos defectos y virtudes pero a quien, a pesar de esto, Jesús eligió y dotó con habilidades, dones y talentos que precisamente durante su caminar con Jesús fue puliendo y madurando.  Hoy día escuchamos que un pastor, diácono o líder de algún ministerio tropieza o cae en pecado y casi de inmediato en nuestros corazones levantamos la piedra y apedreamos al hermano hasta matarlo… sí, hasta matarlo ya que en la mayoría de los casos esperamos que con su pecado muera su ministerio aun cuando se arrepienta y obtenga el perdón y la restauración de Dios.
 
 
La buena noticia es que para Dios esto no funciona así ya que al igual que en el caso de Pedro quien incluso lo negó tres veces públicamente, al resucitar Jesús no lo apartó ni le recriminó su pecado sino que le mostró misericordia y lo llamó nuevamente a servirle (Juan 21:15-25).  Jesús, el único con el poder y la autoridad para levantar la primera piedra, cuando tuvo lo oportunidad no lo hizo así ni siquiera con la mujer adúltera sino que aun a ella le permitió caminar a su lado aun cuando esto en aquel entonces era motivo para que muchos lo criticaran.
 
 
Entonces, cuando Pedro encontró a un desvalido ya no se interesaba en saber si éste o sus padres habían pecado y la enfermedad era producto de esto sino que decidió dar de gracia lo que de gracia había recibido, restauración.  De no haber sido perdonado probablemente no hubiera estado en la capacidad de ver más allá del pecado de las personas y no habría sido capaz de ejercitar su fe, dones y talentos para llevar sanidad y salvación a otros.  ¿Cuál es tu actitud frente al pecado y el pecador, ejercitas tu dedo acusador o recuerdas que así como fuiste perdonado también debes mostrar misericordia, perdonar y restaurar?  ¿Qué haces tú cuando ves a otros levantar la piedra para apedrear a quien ha pecado?
 
 
La misma exhortación que recibió Timoteo de Pablo es la que hemos recibido todos de parte de Dios, no fuimos llamados a juzgar ni a condenar sino a predicar la palabra, a instar a tiempo y fuera de tiempo; a redargüir, reprender, exhortar con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4:1-3).  Dios espera que no solo seamos reflejo de su justicia sino que también mostremos su amor y su misericordia… que nuestra voz no sea la que llama a la cuadrilla de lapidadores sino que seamos la voz que llama al perdón y la reconciliación.
 
 
Cuando Pedro escuchó la voz de aquel que clamaba por una limosna de inmediato reaccionó como Dios espera que sus discípulos reaccionen, no limitándose al plano natural y material sino recordando qué es lo realmente importante y esto es proveer no solo para el cuerpo físico sino también para el alma de los que necesitan conocer a un Dios capaz de sanar, restaurar, perdonar, levantar, instruir y sobre todo proveer salvación eterna para el alma.  Probablemente si Pedro le hubiese dado una moneda ésta habría calmado la necesidad del momento pero luego de saciada, el hambre, el frío y la escasez habrían vuelto como si nunca se hubiesen ido sin embargo, al alimentar su fe de modo que el cojo pudiese levantarse y andar no solo resolvieron el problema de fondo sino que ganaron un alma que a partir de entonces ya no se sentaba en la puerta del Templo como un espectador sino que entraba y alababa y daba gloria a Dios y en esto se constituía en un testimonio poderoso delante de todos los que lo veían y recordaban de donde lo había levantado Dios.
 
 
Es precisamente a esto a lo que estamos llamados, no solo a saciar la necesidad momentánea del que pide sino a alimentar la fe del que necesita de modo que el problema de fondo pueda ser tratado a través del Espíritu Santo de Dios y estos a su vez puedan constituirse en testimonios multiplicadores de fe.  Un seguidor de Cristo no necesita más que fe y la unción del Espíritu Santo de Dios para ser exactamente lo que hizo Pedro, dar de gracia lo que por gracia había recibido.  ¿Qué has recibido tú de gracia?  ¿Con qué dones, habilidades y/o talentos te ha dotado Dios que puedas utilizar para bendecir a otros?
 
 
Si eres buen administrador puedes enseñar a otros a administrar sus bienes; si eres desprendido entonces da con libertad a aquellos a quienes te sientas movido a dar; si tienes la facilidad para exhortar entonces no te quedes callado delante de aquel que necesita escuchar una voz de aliento; si tu fe es grande actúa a través de ella y permite que la fe de otros crezca como producto tu testimonio.  Dicho de otra forma, todos tenemos una herramienta en nuestras manos que hemos recibido por la gracia y misericordia de Dios y que podemos utilizar para bendecir a otros de modo que ellos se conviertan en agentes multiplicadores de bendición.
 
 
Si aun no lo has hecho, empieza a hacerlo hoy!!  Que esta reflexión no solo traiga gozo a tu vida sino que te mueva a generar gozo en la vida de otros.  Toma un tiempo para evaluar cuáles son tus habilidades, dones y talentos y haz un plan de acción para ponerlos al servicio de Dios.   Finalmente toma un tiempo para orar  y poner tu plan delante de Dios en oración de modo que obtengas la sabiduría, gracia y fortaleza para poner manos a la obra.
 
 Lectura recomendada:
 
 
1.  Lucas 5:1-11
2.  Juan 21:15-25
3.  Juan 9:1-12
4.  Juan 8:1-11
5.  2 Timoteo 4:1-8
6.  1 Corintios 12:1-31

Bendiciones,
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