Semana del 23 de marzo de 2014 - Mía es la venganza, yo daré el pago
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
  • Devocionales, estudios bíblicos y otros recursos que le ayudarán en su crecimiento espiritual.
  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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Mía es la venganza… yo daré el pago

Lectura bíblica: Romanos 12:14-21

14 Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. 15 Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.  16 Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.  17 No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.  18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.  19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.  20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.  21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Reflexión:

Roberto, un hombre trabajador, humilde y temeroso de Dios se encuentra ante una situación difícil: trabaja bajo las órdenes inmediatas de un supervisor cuyos intereses inmediatos no están orientados hacia la visión de la empresa sino a la suya propia, tanto así que este supervisor desarrolla los proyectos asignados a su despacho de acuerdo al tiempo y los recursos que le sobran después de atender sus proyectos personales y no de acuerdo a la programación de la empresa.

A pesar de hacer sus mayores esfuerzos por hacer su trabajo con eficiencia y honradez procurando no participar del robo recursos de la empresa para la cual trabaja como lo hace su supervisor, Roberto es despedido. Su carta de despido hace referencia a su incapacidad para trabajar en equipo dando resultado la falta de proyección hacia el cumplimiento de metas dentro del equipo de trabajo.   Rápidamente se presenta en el departamento de recursos humanos de la empresa llevando consigo aquella carta y, al confrontar a la persona encargada de la oficina le comunican que dicha evaluación fue proporcionada por su supervisor inmediato. Su primera reacción es de enojo el cual muestra sin medida y en pocas palabras les hace saber que han cometido una injusticia ya que era precisamente él quien velaba por los intereses de la empresa e intentaba hacer su trabajo manteniendo el mayor grado de integridad.

Para su sorpresa sus argumentos no fueron suficientes y, al no poseer pruebas que sustentaran el mal manejo que su supervisor inmediato hacia de los recursos de la empresa no pudo más que resignarse y aceptar su condición de desempleado. Fue precisamente en este momento que un sinnúmero de pensamientos atacaron su mente… “tal vez deba confabular para exponer las reales intenciones de mi supervisor frente a toda la empresa”… “o de repente debería esperarlo a la salida del trabajo y caerle a golpes”. “Tal vez podría llamar a todos los proveedores e indisponerlo delante de ellos”… “Tal vez…” “Tal vez…”

En la Biblia encontramos una gran cantidad de personajes que enfrentaron la injusticia y salieron a tomar venganza por sus propias manos, así también encontramos ejemplos de algunos otros que decidieron dejar en las manos de Dios la justicia. Moisés, al ver la injusticia de un soldado en contra de un hebreo decidió tomar la justicia en sus manos y terminó matando al soldado. Para su sorpresa, lejos de ser motivo de honra delante de los que pudieron conocer lo sucedido, fue motivo de crítica (Éxodo 2:11-14). Ciertamente Dios había decidido hacerle justicia a su pueblo pero, ¿acaso necesitaba Dios que Moisés tomará la justicia en sus manos?

David, por el contrario, tuvo que abandonar su hogar y su esposa ya que era perseguido injustamente por el Rey Saúl quien procuraba matarlo por envidia viendo que Jehová estaba con David mas sin embargo de él se había apartado (1 Samuel 18:6-9). En diversas ocasiones, David, tuvo la oportunidad de matar a Saúl sin embargo no lo hizo ya que sabía en su corazón que Saúl era la autoridad puesta por Dios sobre Israel y solo Él debía disponer de él sin importar cuales fueran las circunstancias o las injusticias que Saúl cometiera (1 Samuel 24:1-7; 1 Samuel 26:1-11).

En ambos de los casos bíblicos Jehová hizo justicia en su tiempo. Ambos, tanto Moisés como David, tuvieron que pasar tiempo en el desierto a pesar de que uno de ellos tomó la justicia en sus manos y el otro no. Ciertamente la Palabra de Dios nos dice que “en el mundo tendremos aflicciones pero que debemos confiad ya que Jesús venció al mundo” (Juan 16:33) y esto es indistintamente de que la razón esté de nuestro lado. Tomando como modelo el extracto bíblico tomado como base de este estudio (Romanos 12:14-21) proponemos un modelo para manejar las injusticias, y es el mismo que utilizó David en su momento:

1. Bendecid y no maldecir a los que nos persiguen: Independientemente de la situación nuestro deseo no debe ser de le sucedan cosas malas a aquellos que son causa de oprobio en nuestras vidas sino clamar por misericordia a Dios para sus vidas, recordando que hay poder en las palabras que salen de nuestras bocas (Proverbios 18:21)

2. Mantener la humildad a toda costa: El orgullo propio suele ser la causa principal que inclina a una persona a reaccionar de forma agresiva ante una agresión. La Palabra de Dios nos dice que Él atiende al humilde mas al altivo mira de lejos (Salmos 138:6). Si quieres que Dios atienda tu causa, mantente humilde… y Él hará.

3. No pagar mal por mal: Al pagar mal por mal perdemos nuestro derecho de apelar a Dios ya que nos hacemos iguales a quienes nos han hecho mal.

4. No vengarnos sino dejar lugar a la justicia de Dios: Cuando tomamos venganza nosotros mismos le decimos a Dios que no necesitamos de él ya que nosotros tomamos nuestras propias medidas. ¿Acaso somos más poderosos y sabios que Dios para actuar? ¿Será nuestra justicia mejor que la suya?

Días después de encontrarse Roberto sin empleo recibió una oferta de trabajo con un salario superior al que tenía en el empleo anterior. De hecho en este empleo ocuparía la posición que ocupaba su supervisor en el empleo anterior. ¿Existe acaso la posibilidad de que si Roberto hubiese luchado por hacer justicia y mantener aquel empleo hubiese sido su supervisor el que habría gozado de dicha posición? ¿Acaso no nos dice la Palabra de Dios que “a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).

Amados hermanos, ciertamente es difícil enfrentar las injusticias en la vida de modo pasivo mas no es imposible. Si damos lugar a la justicia de Dios reconocemos que Él es Dios sobre nosotros. Debemos recordar, sin embargo que esta posición debe asumirse con humildad y temor de Dios sabiendo que su justicia, aunque parece tardar, siempre llega!

Termine este tiempo de reflexión evaluando como es su conducta frente a las injusticias y qué cosas cree usted que deba hacer para asumir la actitud correcta para obtener los mejores resultados. Tome un tiempo para orar y presentarle su causa a Dios… recuerde que Él le ama.

Le recomendamos además las siguientes lecturas que le mostrarán como algunos personajes en la Biblia manejaron sus situaciones y los resultados que obtuvieron:

Día 1: 1 Samuel 25:1-41

Día 2: Lucas 18:1-8

Día 3: Ester 3:1-15

Dia 4: Ester 7:1-10

Día 5: 1 Samuel 1:1-28

Día 6:  Habacuc 1:1-3 y Habacuc 2:1-20

Bendiciones!!

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