Semana del 28 de septiembre al 4 de octubre 2014 - Cristo viene pronto, mantén la expectativa
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
  • Devocionales, estudios bíblicos y otros recursos que le ayudarán en su crecimiento espiritual.
  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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Cristo viene pronto, mantén la expectativa

Base bíblica: 2 Pedro 3:2-18

1Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento,
2 para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles;
3 sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,
4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.
5 Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste,
6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua;
7 pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.
8 Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.
9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.
11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,
12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!
13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.
14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.
15 Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito,
16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.
17 Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.
18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Reflexión:

El estilo de evangelizar o compartir las buenas nuevas de salvación ha cambiado tanto como ha cambiado la arquitectura del entorno urbano en las mayorías de las ciudades del mundo desde su creación. Hoy día el mensaje evangelizador se ha transformado más en una oferta que en una verdad. Es común escuchar mensajes que invitan a aquellos que no le han entregado su corazón a Cristo a hacerlo basados en la multitud de beneficios que esto ofrece… se promueven las bendiciones que han sido prometidas a los discípulos de Cristo… se invita a formar parte de una u otra comunidad de creyentes a través de la cual crecerán espiritualmente y hasta, por que no, llegarán a ser líderes.

El propósito de esta reflexión es el de invitar a sus lectores a que retomen el fundamento original del mensaje evangelizador de Cristo: “el que no naciere de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Nacer de nuevo como le mencionaba Jesús a Nicodemo, no se refiere a una muerte y nacimiento físico sino al nacimiento espiritual en donde el ser humano abandona su vieja manera de vivir (cuando era esclavo del pecado) y adopta una nueva vida en Cristo Jesús (Efesios 4:17-32).   Esta nueva vida no se limita al espacio terrenal sino que tiene como premio supremo y absoluto la vida eterna en la presencia de Dios. La salvación del ser humano es inminente ya que “Cristo prometió volver por su iglesia y lo hará… sí, Cristo viene pronto”.  

El fundamento del mensaje evangelizador de Cristo no se resumía en las ganancias que podríamos obtener terrenalmente, sino que de manera más abundante se refiere a nuestra nueva ciudadanía, como herederos de la gracia de Dios (Filipenses 3:20). El mismo Jesús nos dijo que se iría a prepararnos morada a casa de su Padre y que volverá para que nosotros también estemos en donde él esté (Juan 14:2-3). Si vivimos bajo este fundamento entonces nuestras prioridades estarán bien sentadas y correremos esta carrera dirigiéndonos hacia la meta correcta (Filipenses 3:13-14).

Imagínese usted que, deseoso de mejorar su calidad de vida, se inscribe en una carrera que promete grandes dividendos a aquellos que lleguen a la meta. Al momento de las inscripción a usted se le entrega el reglamento de la carrera que incluye la ruta, lo que es permitido y lo que no durante la carrera y el detalle del premio final, junto con el uniforme y el distintivo que lo diferenciará de los que solo van a observar la carrera de los que de hecho aspiran a llegar a la meta. Usted se ubica en el punto de partida pero al dar inicio la carrera usted empieza a correr en la dirección de su predilección y no en la dirección detallada en el reglamento que se le otorgó… además, usted decide quitarse el uniforme ya que le incomoda y además se deshace del distintivo que lo identifica como participante de la carrera porque lo considera inútil e innecesario. ¿Cree usted que obtendrá el premio prometido solo a aquellos que llegan a la meta siguiendo el reglamento y los parámetros acordados desde el inicio?

Ciertamente, al igual que lo mencionó Pedro en su segunda epístola en el capítulo tres, es común escuchar a muchos decir que a pesar de lo que dice la Biblia, Cristo viene pero nada que llega… otros incluso han sido más atrevidos y han propuesto una fecha exacta para el fin del mundo.  La verdad de todo esto es que el Señor no retarda su venida como algunos dicen sino que es paciente deseando que todos procedan al arrepentimiento (versículo 9). Y aún más, la Palabra de Dios nos dice que el día del Señor vendrá como ladrón en la noche (versículo 10).

Entonces, ¿qué cuál debe ser nuestra actitud frente a la segunda venida de Cristo?

1. Debemos vivir de manera santa y piadosa (versículo 11).

En esta línea, la santidad es un proceso más que un estado. Dios espera que todos busquemos esta santidad y ciertamente solo a través del Espíritu Santo de Dios llegaremos a alcanzarla… esto recordando que, sin santidad nadie verá al Señor (Hechos 12:14). Esta santidad además debe ir acompañada de piedad ya que mal podremos decir que vivimos en santidad si esta santidad no nos mueve a compartir esta verdad con otros.

Es importante mantenernos expectantes ya que esto nos ayuda a mantener arriba la guardia y no descuidar nuestra salvación que es tan grande (Hebreos 2:3-4)

3. Procurar con diligencia ser hallados sin manchas e irreprensibles, en paz (versículo 14)

Aun cuando sabemos que todos somos pecadores debemos hacer el compromiso por mantenernos sin manchas, es decir evitar contaminarnos o inclinarnos hacia aquellas cosas que no agradan a Dios (1 Juan 2:15-17).

4. Debemos guardarnos de caer de nuestra firmeza en Cristo arrastrados por el error de los inicuos (versículo 17)

Aun cuando sintamos que estamos fortalecidos y firmes en los caminos del Señor debemos procurar el guardar nuestras mentes, oídos y más aun nuestros ojos. Muchas veces, pensando en que de modo inocente podemos prestar atención a comentarios o ver o escuchar cuya doctrina es dudosa abrimos una puerta que debe permanecer cerrada. (1 Corintios 10:12-13)

5. Debemos procurar crecer en la gracia y el conocimiento de Cristo (versículo 18)

El crecimiento espiritual de un creyente debe ser intencional y además debe producir frutos. Es a través de este crecimiento que alcanzaremos la estatura que Dios espera de los que creen en él. (2 Timoteo 2:15-16)

Aquel que vive bajo estas premisas ciertamente tiene bien definidas sus prioridades y, aunque disfruta de las bendiciones que Dios le provee en el plano terrenal, no vive bajo el esfuerzo constante por acumular tesoros aquí en donde la polilla y los elementos de la naturaleza pueden corromperlos sino que, aun sabiendo que la salvación se obtiene por medio de la gracia de Dios y no por obras, procura acumular tesoros en el cielo en donde ningún ladrón puede hurtarlos (Mateo 6:19-21).

Amado hermano (a), finalice este tiempo de reflexión primeramente tomando un tiempo para traer a su memoria las grandes bendiciones que Dios le ha dado, siendo la más grande de todas ellas la salvación de su alma. Una vez hecho esto, respóndase las siguientes preguntas: ¿vivo con la expectativa de la segunda venida de Cristo? ¿Me estoy esforzando por guardar aquella salvación tan grande que obtuve al entregarle mi corazón a Cristo Jesús? ¿Estoy trabajando por acumular tesoros en el cielo o en la tierra?

Finalmente, tome un tiempo para orar y buscar la presencia de Dios a través de la alabanza y clame por nuevas fuerzas para retomar la carrera por el camino correcto y de acuerdo a los parámetros y las reglas del juego según lo que su creador definió.

Lectura semanal sugerida:

1. Juan 3:1-15

2. Efesios 4:17-32

3. Filipenses 3:1-21

4. Juan 14:1-14

5. Mateo 24:29-51

6. Hebreos 12:1-11

Bendiciones!!

 

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