Semana del 19 al 25 de octubre de 2014 - Salvación a la mano de todos
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
  • Devocionales, estudios bíblicos y otros recursos que le ayudarán en su crecimiento espiritual.
  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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Salvación a la mano de todos

Base bíblica: Romanos 10:1-17

 1Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.
2 Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.
3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios;
4 porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.
5 Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas.
6 Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo);
7 o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).
8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:
9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.
12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan;
13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: !!Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!
16 Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Reflexión:

Imagínese a bordo de un barco en medio del océano a merced de una gran tormenta. Imagínese que, para añadir condimento a su salsa, usted no se encuentra solo sino que en su barco hay personas que también, al igual que usted, están intentando resolver su situación y están dispuestas a todo por sobrevivir. Como llevan varios días de haber zarpado, es evidente que están lejos de la costa y que el barco en su estructura se encuentra muy deteriorado como consecuencia de la embestida de las olas y el viento huracanado. Sin mucha delicadeza uno de los pasajeros del bote sugiere que todos trabajen individualmente por buscar una solución a su situación ya que es mejor que uno solo se salve a que mueran todos… otro de los pasajeros sugiere que sería mejor que bebieran y comieran todas las provisiones existentes ya que de todas formas van a morir, así que es mejor disfrutar los últimos momentos… otro de los pasajeros propone que oren a la tormenta y le ofrezcan sacrificio a ver si así queda satisfecha y como consecuencia cesa su ataque… la gran mayoría sencillamente mira hacia un lado, mira hacia el otro pero no hace nada.

Repentinamente y de forma asombrosa aparece el capitán del barco con remos, salvavidas, linternas y un mapa. El capitán del barco se dirige hacia los pasajeros y hablándoles en un todo de voz calmado pero asertivo, les presenta su estrategia para superar la crisis. Sorprendentemente, muchos de los pasajeros optaron por mantenerse en sus posiciones, unos comían y bebían, otros de modo independiente buscaban una salida, otros utilizaban los objetos de valor que tenían para construir una figura que les sirviera como ídolo y a la cual pudiesen adorar… y claro, la inmensa mayoría simplemente no prestó atención. ¿No le parece a usted que las posibilidades de sobrevivir eran mayores si seguían al único en el barco que tenía verdadero conocimiento en navegación y era además el único con recursos y herramientas útiles?

Este ejemplo ilustra la realidad de la sociedad alrededor del mundo. En su mayoría las personas sencillamente hacen oídos sordos a la Palabra de Dios... viven en un estatus quo sin tomar un bando… sin decidir de que lado están. Otros, y no pocos, optan por vivir solo enfocados en lo que pueden adquirir y disfrutar mientras viven… y ni hablar de aquellos quienes prefieren poner sus esperanzas en esculturas labradas por manos humanas o peor aun prefieren seguir la voz de otros que igual que ellos están desorientados. ¿Por qué no seguir las indicaciones del único que sabe cómo sacarnos de la crisis… de aquel que no solo hizo sino que nos dejó un mapa para encontrar puerto seguro?

Muchos dicen creer en Dios pero sencillamente posponen su entrega alegando que están muy jóvenes o que aun no están listos y que van a esperar a cuando ya puedan dejar todas aquellas cosas que hoy disfrutan y que creen que deberán abandonar si se convierten a Cristo. Son estos los que asumen que tendrán control sobre el día y momento de su muerte aun cuando saben que esto no es posible. Es importante señalar que la condición inicial del ser humano es irrelevante frente a cómo él se defina. Sin importar cuál sea nuestro punto de vista, todos somos pecadores y por naturaleza y definición estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Esto quiere decir que la condición de pecador no desaparece por si sola ni se diluye a partir de buenas acciones sino que cada uno debe procurar despojarse de ella y esto se logra solo a través de un esfuerzo inicial, continuo y permanente por buscar la santidad sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14).

La realidad es que solo hay dos caminos, el de vida eterna con Cristo Jesús y el de muerte continua en el infierno separados de la gloria de Dios… no hay planos medios… ni acepciones. Lo buena noticia es que no hay más que oír, creer y declarar que hemos creído para obtener esta salvación y vida eterna con Cristo Jesús. La fórmula es sencilla, consiste en oír ya que ciertamente la fe viene una vez que escuchamos las buenas nuevas de salvación, y por fe creemos que recibiremos lo prometido, la salvación (Romanos 10:17); creer en nuestro corazón ya que allí es donde se aloja la raíz de nuestras motivaciones… cuando creemos en nuestros corazones es posible que lo que sucede a nuestro alrededor nos abrume y hasta nos debilite pero esa semilla en nuestro corazón mantiene la esperanza viva (Juan 14:1-2). Declarar ya que es precisamente nuestro testimonio, nuestra declaración la que va a abrirle los ojos a los que están a nuestro alrededor ya que mal pueden creer si nadie les testifica (2 Timoteo 4:2). Al testificar además sembramos una semilla en el corazón de los que nos escuchan y sabemos que así como nosotros podemos sembrar otros vendrán y regarán y aun otros abonaran esa tierra aumentando las posibilidades de que esa vida de frutos agradables a Dios (Mateo 13:8).

Cuando aceptamos a Cristo como salvador entremos en la barca del único capitán con la capacidad de llevarnos a puerto seguro. Además, nos constituimos en su tripulación, venimos a ser aquellos marineros a cargo de exhortar, orientar e informar no solo a los que están ya en la barca además debemos recordar que el deseo de Dios es que todos procedamos al arrepentimiento (2 Pedro 3:9) entonces, con esto en mente, debemos procurar no solo subir a la barca sino ayudar a aquellos que aún están en el mar con pocas probabilidades de vida. Para Dios es igual de importante que subamos a la barca como que ayudemos a los que aun no han subido a ella ya que no podemos decir que somos marineros de Cristo si no seguimos las indicaciones del capitán las cuales en su totalidad están orientadas a que todos procuremos el bienestar de los que nos rodean (Mateo 22:39).

Amado hermano, finalice este tiempo de reflexión reconociéndose delante de Dios como pecador y declarando con su boca que Jesús es Señor y Salvador de su vida. Una vez hecho esto, procure definir el método a través del cual usted va a procurar su crecimiento espiritual, ya sea a través del compromiso de asistir regularmente a su congregación, de participar en ejercicios espirituales de ayuno y oración y de colaborar con sus dones y talentos al establecimiento del reino de Dios en la tierra. Fíjese que la base está en adquirir un compromiso consigo mismo. Este compromiso lo llevará no solo a procurar su salvación sino también la de otros.

  

Lectura semanal sugerida

1. 2 Corintios 5:1-10

2. Hebreos 12:1-29

3. Juan 14:1-14

4. 2 Timoteo 4:1-8

5. Mateo 13:1-17

6. 2 Pedro 3:1-18

Bendiciones!!!

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