Semana del 17 de mayo, 2015 - El perdón de Dios como consecuencia de un genuino arrepentimiento
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El perdón de Dios como consecuencia de un genuino arrepentimiento

Base Bíblica: 1 Crónicas 21:1-27

Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel.

2 Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, haced censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, e informadme sobre el número de ellos para que yo lo sepa.

3 Y dijo Joab: Añada Jehová a su pueblo cien veces más, rey señor mío; ¿no son todos éstos siervos de mi señor? ¿Para qué procura mi señor esto, que será para pecado a Israel?

4 Mas la orden del rey pudo más que Joab. Salió, por tanto, Joab, y recorrió todo Israel, y volvió a Jerusalén y dio la cuenta del número del pueblo a David.

5 Y había en todo Israel un millón cien mil que sacaban espada, y de Judá cuatrocientos setenta mil hombres que sacaban espada.

6 Entre éstos no fueron contados los levitas, ni los hijos de Benjamín, porque la orden del rey era abominable a Joab.

7 Asimismo esto desagradó a Dios, e hirió a Israel.

8 Entonces dijo David a Dios: He pecado gravemente al hacer esto; te ruego que quites la iniquidad de tu siervo, porque he hecho muy locamente.

9 Y habló Jehová a Gad, vidente de David, diciendo:

10 Ve y habla a David, y dile: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te propongo; escoge de ellas una que yo haga contigo.

11 Y viniendo Gad a David, le dijo: Así ha dicho Jehová:

12 Escoge para ti: o tres años de hambre, o por tres meses ser derrotado delante de tus enemigos con la espada de tus adversarios, o por tres días la espada de Jehová, esto es, la peste en la tierra, y que el ángel de Jehová haga destrucción en todos los términos de Israel. Mira, pues, qué responderé al que me ha enviado.

13 Entonces David dijo a Gad: Estoy en grande angustia. Ruego que yo caiga en la mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas en extremo; pero que no caiga en manos de hombres.

14 Así Jehová envió una peste en Israel, y murieron de Israel setenta mil hombres.

15 Y envió Jehová el ángel a Jerusalén para destruirla; pero cuando él estaba destruyendo, miró Jehová y se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía: Basta ya; detén tu mano. El ángel de Jehová estaba junto a la era de Ornán jebuseo.

16 Y alzando David sus ojos, vio al ángel de Jehová, que estaba entre el cielo y la tierra, con una espada desnuda en su mano, extendida contra Jerusalén. Entonces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros, cubiertos de cilicio.

17 Y dijo David a Dios: ¿No soy yo el que hizo contar el pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y ciertamente he hecho mal; pero estas ovejas, ¿qué han hecho? Jehová Dios mío, sea ahora tu mano contra mí, y contra la casa de mi padre, y no venga la peste sobre tu pueblo.

18 Y el ángel de Jehová ordenó a Gad que dijese a David que subiese y construyese un altar a Jehová en la era de Ornán jebuseo.

19 Entonces David subió, conforme a la palabra que Gad le había dicho en nombre de Jehová.

20 Y volviéndose Ornán, vio al ángel, por lo que se escondieron cuatro hijos suyos que con él estaban. Y Ornán trillaba el trigo.

21 Y viniendo David a Ornán, miró Ornán, y vio a David; y saliendo de la era, se postró en tierra ante David.

22 Entonces dijo David a Ornán: Dame este lugar de la era, para que edifique un altar a Jehová; dámelo por su cabal precio, para que cese la mortandad en el pueblo.

23 Y Ornán respondió a David: Tómala para ti, y haga mi señor el rey lo que bien le parezca; y aun los bueyes daré para el holocausto, y los trillos para leña, y trigo para la ofrenda; yo lo doy todo.

24 Entonces el rey David dijo a Ornán: No, sino que efectivamente la compraré por su justo precio; porque no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto que nada me cueste.

25 Y dio David a Ornán por aquel lugar el peso de seiscientos siclos de oro.

26 Y edificó allí David un altar a Jehová, en el que ofreció holocaustos y ofrendas de paz, e invocó a Jehová, quien le respondió por fuego desde los cielos en el altar del holocausto.

27 Entonces Jehová habló al ángel, y éste volvió su espada a la vaina.

Reflexión:

David es reconocido en la Biblia como un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22), pero aun este hombre cometió muchos desaciertos y cayó en pecado en más de una ocasión. Si observamos la lectura bíblica utilizada como base para esta reflexión, a primera vista podríamos decir que el deseo de David por censar al pueblo no tenía mayor implicación que la de conocer la cantidad de habitantes de su nación sin embargo, cuando Joab entregó los resultados numéricos a David no hizo mención sino solo de la cantidad de hombres de guerra esto quiere decir que el censo era exclusivamente para conocer el volumen de sus tropas. Tomando en cuenta que esto sucedió en medio de tiempos de guerra, es probable que David estuviese tomando en cuenta el tamaño de su ejército como un factor para la batalla como si hubiese olvidado que, como ungido de Dios las batallas no las ganaba debido a su capacidad o poderío sino por la gracia y la misericordia de Dios.

La actitud de David desagradó a Dios y esto hizo que hiriera a Israel. Al ver que el pueblo estaba pagando las consecuencias del pecado cometido por quien era su rey, David entristeció en gran manera y se humilló delante de Dios implorando su perdón. En esta ocasión Dios le dio a escoger a David tres opciones de castigo, hambre por tres años, caer en manos de sus enemigos durante tres meses o la espada de Jehová, es decir peste y mortandad en todo Israel por tres días. Conociendo él que Dios le amaba y que era misericordioso prefirió caer en manos de Jehová que de sus enemigos. Y el ángel de Jehová extendió su espada e inició la mortandad en todo Israel, y en medio de aquel mal, Dios miró a su pueblo y se arrepintió e hizo que el ángel se detuviera.

Probablemente lo que hacía diferente a David del resto de la población es lo genuino de su arrepentimiento y su constante deseo por agradar a Dios. De hecho, Dios conoce nuestra naturaleza ya que él nos creó y fue él quien puso en nosotros la capacidad arrepentirnos y buscar redención. 1 Juan 1:8-9 nos dice que “si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad”.

Muchos creyentes de alguna forma piensan que el amor de Dios solo es extensivo a aquellos que parecieran nunca pecar o que delante del mundo viven una vida que pareciera agradable delante de Dios sin embargo, la realidad es que la redención no se obtiene por obras sino por gracia.   La Biblia nos dice en Romanos 3:23-24 que por cuanto todos hemos pecado, y estamos destituidos de la gloria de Dios, hemos sido justificados por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús.   Esto no quiere decir que debemos pecar y no arrepentirnos y aun así seremos perdonados sino que, en el camino hacia el perfeccionamiento por el Espíritu Santo de Dios, probablemente caeremos pero Dios espera que aquellos que han sido justificados por él sepan levantarse y, con un corazón contrito y humillado se determinen en aprender de los errores cometidos. Proverbios 24:16 nos dice que 7 veces cae el justo y vuelve a levantarse pero los impíos caerán en la desgracia. Es importante notar que el versículo bíblico no cita el dicho popular “siete veces cae el justo y 7 veces Jehová lo levantará, sino que “el justo 7 veces se levanta”. La realidad es que ciertamente Dios es quien provee las fuerzas para que nos levantemos pero la disposición de hacerlo tiene que venir de cada cual.

Acab, uno de los peores reyes que tuvo el pueblo de Israel pecó en gran manera, hizo cosas perversas y abominables delante de Dios, sin embargo en una ocasión se arrepintió genuinamente de lo que había hecho y se humilló delante de Dios y Dios lo perdonó (1 Reyes 21:29). Esto nos muestra que Dios es fiel a su Palabra y que independientemente de cual sea nuestra condición delante de él, si nos arrepentimos y nos humillamos delante de él, él nos perdona. La Biblia nos dice en Salmos 22:24 “Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, Ni de él escondió su rostro; Sino que cuando clamó a él, le oyó”.

Obviamente tanto en el caso de David como en el de Acab, el que ellos se hayan arrepentido de su pecado no significaba en lo absoluto que las consecuencias de los mismos no los alcanzarían. Somos dueños de nuestras decisiones mas no de las consecuencias que estas acarrean… dicho de otra forma, podemos sembrar la semilla mas no está en nosotros el determinar con qué velocidad crece el árbol o cuántos frutos y por cuánto tiempo estos frutos van a salir.

La Biblia nos dice en 1 Crónicas 7:14 “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.   La realidad es que Dios no pide más que arrepentimiento genuino a cambio del perdón de nuestros pecados. Arrepentimiento genuino implica no solo el deplorar lo que hayamos hecho sino también la determinación de no volverlo a hacer. La Palabra de Dios nos dice que no debemos practicar el pecado, esto quiere decir que el pecado no debe ser una conducta habitual en la vida del creyente… no podemos decir que estamos genuinamente arrepentidos de fornicar pero seguimos fornicando todas las noches… allí no hay genuino arrepentimiento.

En el caso de Acab, al escuchar el juicio de Dios, él se humilló y ayunó y abandonó su actitud soberbia y majestuosa y anduvo humillado. Lamentablemente Acab no mantuvo esta actitud a lo largo de su vida pero aun cuando él no fue fiel, Dios si lo fue y cuando se arrepintió genuinamente alcanzó perdón y misericordia.

En el caso de David, Dios pidió de el que erigiera un altar como sacrificio, lo que en aquel entonces era el equivalente a presentarse delante de Dios para la expiación de pecados. David hizo lo necesario para erigir este sacrificio en el lugar que le había sido indicado aun cuando no le pertenecía. Y fue aun más lejos, no aceptó de gratis estas tierras sino que ofreció el pago justo él. Hoy día, Dios espera lo mismo de nosotros, que si pecamos nos presentemos delante de él con corazones arrepentidos y que, al igual que David, no ofrezcamos en sacrificio lo que no nos cuesta sino que paguemos el precio en lo referente a trabajar en nuestras propias actitudes y en abandonar el pecado.

Hebreos 13:8 nos dice que Jesús es el mismo ayer hoy y por los siglos. De la misma manera en la que David y otros personajes en la Biblia alcanzaron misericordia, de esa misma manera nosotros podemos alcanzarla. Apreciado hermano, termine este periodo de reflexión tomando un tiempo en silencio para permitir que Dios hable a su corazón. Finalmente tome un tiempo para abrir su corazón y disponer un corazón contrito y humillado delante de Dios. Permita que sea el Espíritu Santo de Dios el que lo guíen en este tiempo de oración y pídale a Dios que traiga a su memoria no solo el pecado por el que debe arrepentirse y pedir perdón sino también por todas aquellas cosas por las que debería ofrecer acciones de gracia a Dios… y hágalo!!!

Lectura bíblica recomendada:

1. Romanos 3:21-31

2. 1 Juan 1:1-10

3. 1 Juan 3:1-24

4. 1 Juan 2:1-29

5. 1 Timoteo 2:1-15

6. 2 Corintios 3:1-18

Bendiciones,
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