Semana del 16 al 22 de noviembre de 2014 - Juzgando a los demás
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
  • Devocionales, estudios bíblicos y otros recursos que le ayudarán en su crecimiento espiritual.
  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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Juzgando a los demás

Base bíblica: Romanos 2:1-16

Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.
2 Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad.
3 ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?
4 ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?
5 Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,
6 el cual pagará a cada uno conforme a sus obras:
7 vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad,
8 pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia;
9 tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego,
10 pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego;
11 porque no hay acepción de personas para con Dios.
12 Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados;
13 porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.
14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos,
15 mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,
16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.

Reflexión:

Imagínese por un momento el juicio de un individuo a quien se le acusa de homicidio, robo, estafa, calumnia e injuria y violación de los derechos humanos. En la sala se encuentran dos personajes, el acusado y el fiscal acusador. Aun cuando no están, se puede observar el lugar del juez, del jurado y del abogado del acusado. El juicio inicia con la presentación de alegatos por parte del fiscal quien presenta su caso haciendo énfasis en todos los aspectos negativos del acusado y prometiéndole al jurado y juez ausente que sus intenciones son las mejores ya que solo desea mostrar al acusado como es realmente… solo desea que se haga justicia. Repentinamente, el fiscal corre hacia el lugar del juez, se pone sus vestiduras y se sienta a ocupar el lugar de juez. Una vez sentado allí, el multifacético individuo mira con reparos al acusado y le dice que, como juez ha escuchado todos los alegatos del fiscal y que va a procurar que se haga justicia... segundos después, mira hacia el espacio del jurado y se dirige al espacio vacío diciéndole que se retiren a deliberar… y que espera que tomen en consideración todos los alegatos escuchados. Con la misma rapidez con la que asumió el lugar del juez, el individuo corre hacia el lugar del jurado y se sienta, levanta su mirada y mira hacia el lugar del juez como recibiendo instrucciones… se levanta y se va a deliberar. Momentos después vuelve con su veredicto de culpabilidad el cual lee mirando hacia el estrado del juez… En segundos el mismo individuo estaba ya sentado y vestido como juez… se levanta y mira hacia el acusado y le dice que lo sentencia al máximo de la pena posible… la muerte.

Aunque esta historia parezca una obra de teatro de bajo presupuesto, es precisamente esta actitud la que asumimos cada día frente a las personas que nos rodean. Decía un predicador que si una persona que ha sido infiel a su pareja pasa delante una multitud y confiesa su infidelidad pero dice que desde hace 6 meses no ha sido infiel y que se siente restaurado, la mayoría de los presentes le aplaudirá mas sin embargo, si un homosexual pasa delante de una multitud y dice que ha sido homosexual pero que desde hace un año no ha estado sexualmente con una persona de su mismo sexo y que se siente restaurado, seguramente la respuesta de la multitud no sería la misma… Seguramente lo que veríamos son rostros de censura, desprecio y hasta asco. Y es que según la perspectiva de la mayoría hay pecados más censurables que otros.

La Biblia nos dice que los injustos no heredarán el reino de Dios y en esta línea no hace ninguna diferencia entre un fornicario, un adultero o un idólatra de un ladrón, un avaro y un borracho, y mucho menos hace diferencia entre estos mencionados anteriormente con un afeminado ni con el que se echa con ellos, o con los que maldicen o estafan (1 Corintios 6:9-10). De hecho, el discípulo de Cristo no está llamado a condenar, ni siquiera Jesús en su primera venida fue juez, muy por el contrario, la Biblia nos dice que Dios no envió a su hijo a condenar al mundo sino a que el mundo fuese salvo por él (Juan 3:17). Entonces si Jesús en su calidad de hombre no condenó al mundo, ¿cómo podemos nosotros ser juez y jurado a la vez?

Nos convertimos en jueces y jurados cada vez que decidimos quien es bueno y quien no lo es de acuerdo a nuestros propios estándares sin embargo la Biblia nos dice que no debemos juzgar para no ser juzgados (Mateo 7:1) y cuando se refiere a juicio en este versículo no se refiere al hecho de discernir entre lo bueno y lo malo sino a ejecutar un juicio y dictar veredicto. La Biblia nos dice que no hay uno justo, que no hay quien haga lo bueno por si solo, que todos somos pecadores y estamos destituidos de la gloria de Dios si no somos justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús (Romanos 3:9-25).

Por otro lado la Biblia nos dice que el juicio de Dios será severo contra aquellos que juzgan a otros aun cuando ellos hacen lo mismo (Base bíblica de la reflexión). Ciertamente esto es extensivo no solo al adúltero que juzga a otros adúlteros sino también a aquel hipócrita o avaro o mentiroso que juzga a un homosexual ya que para Dios pecado es pecado… Dios no hace acepción de persona ni para bien ni para mal y esto es así ya que la misma Palabra de Dios nos dice que serán justificados por Dios los hacedores de su Palabra y no los oidores. Sí, oír no es suficiente, hay que hacer.

¿Cuál debe ser entonces nuestra actitud hacia el pecado de otros?

1. Si el pecado es contra ti, reprender a la persona estando a solas, si no te oyere toma a uno o dos testigos y si tampoco los oye a ellos y si es parte de tu congregación, expón el caso delante de tu líder o pastor y busca la paz en medio de la situación recordando que a paz nos llamo Dios (Mateo 18:15-22 / 1 Corintios 7:15)

2. Buscar restaurar al que cometió la falta con espíritu de mansedumbre considerándonos a nosotros mismos no sea que también seamos tentados (Romanos 6:1)

3. No pagar a nadie mal ni ser vencidos por lo malo sino que debemos vencer con el bien el mal (Romanos 12:19-21)

4. Interceder por el pecado del prójimo ya que la oración eficaz del justo puede mucho (Santiago 5:16)

5. Recordar que Jesús murió también por ese pecador y Dios espera que nosotros también lo amemos de tal modo que perseveremos en procurar alcanzar a esta persona para Cristo sabiendo que aquel que hace volver al pecador al buen camino salvará de muerte un alma (Santiago 5:10-20)

Amado hermano, finalice este tiempo de reflexión tomando un tiempo para evaluar su conducta frente al pecado de otros… recuerde que los hijos de Dios no hemos sido llamados a ser el “ejército que mata a sus propios heridos” y esto con respecto a los pecados dentro del Cuerpo de Cristo. Con respecto a como debemos ver el pecado de aquellos que no han aceptado a Jesús como Señor y Salvador debemos recordar que en el pasado la mayoría de nosotros también fuimos como ellos sumidos en delitos y pecados y que es el Espíritu Santo de Dios quien nos redarguye quien nos da la mente de Cristo y nos permite vivir de modo diferente. Una vez asimilado esto entenderemos que nuestra posición hacia el pecador inconverso debe ser de misericordia buscando siempre acercarlos al conocimiento de la verdad de Cristo.

Finalmente, haga una lista con el nombre de aquellas personas que usted conoce que aun no han aceptado a Jesús como su salvador y haga el firme compromiso de interceder en oración por ellos así como también por aquellos que han pecado de modo que puedan ser restaurados. No olvide pedirle perdón a Dios por haber juzgado a otros.

Lectura bíblica sugerida:

1. 1Corintios 6:1-11

2. Juan 3:1-21

3. Mateo 7:1-12

4. Romanos 3:9-31

5. Romanos 6:1-10

6. 1 Timoteo 2:1-15

Bendiciones,
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