Semana del 15 de febrero de 2015 - ¿Está Jesús en tu barca?
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
  • Devocionales, estudios bíblicos y otros recursos que le ayudarán en su crecimiento espiritual.
  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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¿Está Jesús en tu barca?

Base bíblica: Mateo 8:18-27

18 Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado.
19 Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas.
20 Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
21 Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.
22 Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.
23 Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron.
24 Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía.
25 Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: !Señor, sálvanos, que perecemos!
26 El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.
27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?

Reflexión:

Estando Jesús entre la gente no cesaba de sanar, liberar y dar palabras de exhortación y vida eterna a los que le rodeaban. Descendiendo del monte un leproso se le acercó a Jesús y le dijo que, si quería que lo sanara, a lo que Jesús contestó “quiero” y lo sanó. Un centurión cuyo criado estaba paralítico y gravemente atormentado le pidió a Jesús que lo sanara sabiendo que con solo la Palabra de autoridad del Mesías, la opresión y la enfermedad abandonarían a su criado y viendo Jesús que la fe de este centurión era tal, así le hizo y en esa misma hora el enfermo fue sanado. Así mismo hizo con la suegra de Pedro y con los muchos endemoniados y enfermos que las personas le traían y a ellos también les libertaba y sanaba. Hasta este punto, muchos eran los milagros y prodigios que los discípulos de Jesús le habían visto hacer.

Momentos después Jesús subió a una barca y sus discípulos le siguieron. Era evidente que luego de una jornada tan agotadora Jesús tomara una merecida siesta. Lo que para los que estaban alrededor de Jesús no era tan evidente es que él pudiese descansar aun en medio del movimiento violento de la barca y más aun en el momento en que eran azotados por una gran tempestad. Solo intente imaginarse la lluvia abundante acompañada de ráfagas de viento capaces de darle la vuelta a la barca, así como el estruendo que causaba el golpe de las olas sobre la barca… era precisamente en este escenario casi de película de terror que Jesús dormía, y no solo él estaba en paz sino que esperaba que sus discípulos estuviesen igualmente calmados y confiados en que si estaban con Jesús las circunstancias siempre les ayudarían para bien.

Claro, fácil es decir que cuando el médico nos da un diagnóstico desfavorable, o cuando nos despiden del empleo, o cuando nuestro cónyuge nos pide el divorcio, o cuando un hijo o hija cae en los flagelos de la droga o el alcohol, o cuando un hijo o hija nos dice que es homosexual, o cuando descubrimos la infidelidad de nuestro cónyuge o cuando nos sentimos amenazados por alguien o algo en nuestro entorno, que podemos seguir durmiendo sin que la tormenta nos perturbe como en el caso de Jesús. De hecho, esto no es lo que Jesús espera de nosotros, lo que él espera de nosotros es que en el momento que arrecia la tormenta recordemos que él está en nuestra barca.

Si analizamos con profundidad el momentum, Jesús estaba en la barca con un grupo de personas que poco antes habían conocido su poder y autoridad frente demonios y enfermedades, otros que tal vez no estaban en la barca en ese momento incluso, en medio del entusiasmo y la pasión del momento, hasta le dijeron a Jesús que querían seguirlo Jesús les reprendió ya que esperaban que la obra de Jesús se ajustara a sus situaciones y expectativas olvidando que esta obra no se limitaba solo a ellos sino al mundo entero. Estimado lector, cuidado con juzgar con ligereza… probablemente usted se ha encontrado muchas veces usando los zapatos de personas como estas… probablemente en algún momento usted le ha pedido a Dios cosas que ciertamente parecían justas y buenas para usted pero que no necesariamente representaban lo mismo para la mayoría de los que le rodeaban… como orar por un aumento de salario sin ser buen administrador de lo que tiene en la mano actualmente y sin además considerar que otros necesitan ese aumento más que usted… o estar triste y hasta decepcionado porque está atravesando una situación difícil cuando usted considera que ha sido bueno olvidando que el producto de esta prueba puede traerle la experiencia que usted necesitará para bendecir a otros y dar testimonio de la grandeza y gloria de Dios.

¿Qué espera Jesús que hagamos los que entendemos que él está en nuestra barca?

1. Jesús espera que venzamos el temor.

La Palabra de Dios nos dice en 1 Juan 1:18 que el perfecto amor echa fuera el temor. La Palabra de Dios también nos dice en Romanos 8:31 que si Dios está con nosotros, ¿quién podrá contra nosotros? La realidad es que el temor suele ser una reacción espontánea que se manifiesta en las personas frente a lo que en su naturaleza no cree ser capaz de manejar, pero aquel que sabe que Jesús está en su barca entonces también sabe que su tarea es trabajar dentro de lo natural (o sea aquello que podemos manejar) y que la tarea de Jesús es trabajar en lo sobrenatural (aquello que escapa de nuestras manos).

2. Jesús espera que ejercitemos nuestra fe.

Ciertamente Dios no espera que nos mostremos como invencibles ante las adversidades, él espera que ejercitemos nuestra fe recordando que si estamos vivos es porque hasta aquí él nos ha sostenido y que si habitamos al abrigo del altísimo entonces nuestra morada está bajo la sombra del omnipotente (Salmos 91:1). El mismo Jesús que echó fuera demonios, sanó enfermos, se entregó a muerte de cruz y resucitó venciendo a la misma muerte, ¿no podrá también vencer por nosotros a la adversidad?

3. Jesús espera que mantengamos las expectativas y esperemos con los ojos abiertos para verlo actuar sobre nuestras tempestades.

Precisamente Salmos 46 nos dice que si Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones entonces no temeremos aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar, aunque bramen y se turben las aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza… si todo esto sucede, entonces debemos seguir su consejo: “estad quietos y conoced que yo soy Jehová”.

4.  Jesús espera que declaremos con nuestra boca sus maravillas de modo que otros puedan conocer que Jesús es el Señor.

No podemos quedarnos en silencio después de ver las maravillas que Dios ha hecho en nuestras vidas o en la de aquellos que conocemos. Es precisamente a través del testimonio de las cosas que Dios ha hecho en la vida de otros que muchos son alcanzados para Cristo. Cuando nos quedamos callados y no compartimos con otros lo que hemos vivido es como si, tras recibir una herencia de 500 platos de comida nos quedáramos observándola sin comerla y sin compartirla con los hambrientos que están a nuestro alrededor. La realidad es que jamás tendremos la capacidad de comernos los 500 platos de comida en una sola sentada y que se encuentra mayor bendición en el dar que en el recibir (Hechos 20:35).

5.  Jesús espera que le demos la honra y la gloria a él.

Es importante que cuando contemos lo sucedido le demos la gloria al autor verdadero del milagro. ¿De que vale contar lo sucedido sino le damos crédito a quien realmente lo merece? Es como hablar maravillas de lo que comimos en un restaurante y no darle a los que nos escuchan el nombre del lugar para que también puedan ir y degustar de tan maravillosa comida. La Palabra de Dios nos dice en 1 Pedro 4:11 que si alguno habla o ministra debe hacerlo conforme a la Palabra de Dios para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos, Amen!!

Amado lector, finalizamos esta reflexión exhortándolo a que, si aun no lo ha hecho invite a Jesús a su barca. El que Jesús esté en su barca no significa que no vendrán tempestades, ciertamente Jesús nos dijo que en el mundo tendríamos aflicciones pero que debemos confiar porque él venció al mundo (Juan 16:33)… el que Jesús esté en su barca significa que cuando el temor lo abrume usted tomará la decisión de ejercitar su fe y confiar en aquel que dijo, “no te dejaré ni te desampararé (Deuteronomio 31:8) y que también dijo que nada nos podrá apartar del amor de Dios, ni tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada (Romanos 8:35).

Si Jesús ya está en su barca entonces recuerde que aunque parezca estar dormido él está consciente de todo lo que pasa a su alrededor ni se tarda como algunos creen. En medio de la tribulación gócese en su corazón, aun cuando haya también tristeza y dolor… gócese sabiendo que el prometió sostenerlo con la diestra de su justicia y recordando que la senda del justo es como la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto (Proverbios 4:18).Si usted ahora está invitando a Jesús a su barca entonces debe saber que es la mejor decisión que ha tomado en su vida y que él peleará por usted y usted podrá estar tranquilo (Éxodo 14:14).

Para ambos casos, tener a Jesús en la barca implica no solo que él estará contigo sino que tú estarás dispuesto a permanecer con él en la barca aun en medio de las tempestades, tribulaciones y tiempos difíciles. Siempre tendrás la opción de lanzarte del barco hacia otro que parezca mejor o más grande aunque no se dirija a puerto seguro o en el peor de los casos lanzarte al mar en medio de la tempestad. Lo que si es cierto es que solo la barca en la que está Jesús garantiza llegada a puerto seguro.

Toma ahora un tiempo para orar y darle gracias a Dios por Jesús y su Espíritu Santo. Además pídele a Dios en oración la capacidad y la fortaleza para permanecer en la barca en donde él está y la sabiduría y la gracia para invitar a otros a subir a esta barca.

Lecturas recomendadas para cada día:

1.  Romanos 8:28-39

2.  Salmos 91:1-16

3.  Salmos 46:1-11

4. 1 Pedro 4:1-11

5.  Salmos 115:1-18

6.  Juan 16:1-33

 

Bendiciones,
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