Semana del 21 al 27 de septiembre 2014 - ¿Somos todos hijos de Dios?
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
  • Devocionales, estudios bíblicos y otros recursos que le ayudarán en su crecimiento espiritual.
  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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¿Somos todos hijos de Dios?

Base bíblica: 1 Juan 3:1-20

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.
2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.
3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
4 Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.
5 Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.
6 Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.
7 Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo.
8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.
11 Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros.
12 No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.
13 Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece.
14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.
15 Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.
16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
17 Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?
18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.
19 Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él;
20 pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.

Reflexión:

Es usual escuchar a los deudos del recién fallecido decir que el difunto está en un lugar mejor o que está en la presencia de Dios, de igual forma es común escuchar a las personas que dicen creer en Jesús pero que no lo han confesado como Señor y Salvador decir que todos somos hijos de Dios porque fuimos creados por él… esta línea de pensamiento trae a la memoria aquel dicho que reza: “no hay recién nacido feo ni muerto malo”.

Es importante señalar que esta reflexión no es una invitación a elevar juicios ni mucho menos a llamar a condenación a las personas que están a nuestro alrededor que no profesan nuestra fe sino que tiene como objetivo principal el apelar a la razón del lector utilizando como modelo el fundamento bíblico que define quiénes entran en la categoría de hijos de Dios.

Una madre da a luz a un hijo luego de haberlo llevado en su vientre durante muchas semanas, y ciertamente una vez nace el bebé se constituye en hijo de su progenitor. Si el bebé pasa a ser parte de otra familia éste pierde los derechos como hijo del ceno familiar en el que nació y pasa a adquirir los derechos de la nueva familia. ¿Acaso puede un niño que adquirió el apellido de una nueva familia reclamar herencia como hijo de la familia en que nació? ¿Acaso puede un padre de familia reclamar la herencia de un hijo que, aunque nacido de él, haya pasado a formar parte legalmente de otra familia? Todos sabemos que la respuesta es no.

De esta misma forma la Biblia nos dice en Juan 1:9-13 que la luz verdadera, Jesús, vino al mundo y los suyos no le recibieron, es decir su pueblo, el pueblo judío, pero que a todos los que le recibieron, a los que creyeron en él, a éstos les dio potestad de ser llamados “hijos de Dios”… que estos no eran engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón sino de Dios. Dicho de otra forma, aquellos a quienes les dio potestad de ser llamados hijos de Dios les dio este derecho el mismo Dios y no es un derecho que se pueda reclamar ni por derechos de sangre (hijos de nacimiento), ni por voluntad de carne (derechos adquiridos), ni por voluntad de varón (por imposición).   Aunque parezca difícil de digerir, ni el pueblo judío quien ha sido llamado por Dios como pueblo, ni aquellos que dicen creer en la existencia de Dios pero no le han recibido como Señor y Salvador, ni siquiera los hijos o parientes cercanos de aquellos que le han entregado su corazón a Cristo o aquellos que en su temprana infancia fueron bautizados tienen la potestad de ser llamados hijos de Dios si no han recibido a Cristo como Señor y Salvador de sus vidas. He aquí otra realidad que se ajusta a un dicho que reza: “Dios solo tiene hijos, no tiene nietos, ni sobrinos, ni tíos, ni cuñados, ni abuelos...”

Siendo Dios el creador del mundo y de todo lo que hay en él (Colosenses 1:16), en definitiva solo él tiene la potestad de decidir bajo que normas acoge y a quien acoge como heredero de la promesa. La Biblia nos dice que el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios y que si somos hijos entonces también somos coherederos con Cristo… y que si somos coherederos con Cristo es porque hemos padecido con él, y que si hemos padecido juntamente con él entonces seremos glorificados como él (Romanos 8:16-19). Si hermanos, un hijo no solo tiene derechos también tiene deberes y es imprescindible el cumplimiento de éstos para que él reciba su herencia.  Como dice este fragmento bíblico, es necesario que los que se les ha dado la potestad de ser llamados hijos de Dios, aquellos que coheredarán con Cristo, también, como él lo hizo, lleven las buenas nuevas de salvación al mundo… que ejerciten la piedad (1 Timoteo 4:8)… que se sometan a la voluntad del Padre Celestial con amor (Lucas 22:42)… que busquen la dirección de Dios y sean obedientes a ella (Juan 15:10).

Aun más impactante pero cierto es el planteamiento de Jesús en torno a los que no son hijos de Dios… y es que resulta que no hay una posición ambivalente o neutral… o somos hijos de Dios o somos hijos del diablo y la herencia que recibiremos al momento de la lectura del testamento estará acorde con nuestra elección en cuanto al padre que hemos elegido. Jesús habló a aquellos que decían ser hijos de Abraham, aquellos que reclamaban los derechos de hijos conforme a los derechos de sangre, diciéndoles que hijos eran aquellos que amaban lo que Dios, su padre, les enviaba, es decir a él (Jesús) y su Palabra ya que el que es de Dios su Palabra oye (Juan 8:39-47).

En la lectura bíblica que hemos utilizado como base de esta reflexión, la Biblia nos dice que:

1. El tener la potestad de ser llamados hijos de Dios es una de las muestras más grandes de amor que una persona puede recibir

2. Que el tener esta potestad es apenas el preámbulo de la gloria venidera para los hijos de Dios

3. Que el que permanece en Dios como su hijo no practica el pecado, es decir que no peca flagrantemente

4. Que lo que hace la diferencia entre los hijos de Dios y los hijos del diablo es que los hijos de Dios obran con justicia y aman a su prójimo, los hijos del diablo no.   En este punto vale la pena aclarar que el amor hacia el prójimo debe ser igual que el amor que nos tenemos hacia nosotros mismos… que el amar a nuestro prójimo debe llevarnos a querer de lo bueno que queremos para nosotros mismos empezando por lo más excelente, la salvación de nuestras almas.

5. Que si permanecemos en Dios, lo que pidiéremos lo recibiremos de él… recordando que permanecer en Dios es creer en su hijo Jesucristo y amarnos los unos a los otros.

Amado hermano, si al momento de finalizar la lectura de esta reflexión llegas a entender que aun no has recibido a Jesús como tu Señor y Salvador y que por consiguiente no tienes la potestad de ser llamado hijo de Dios, aun estás a tiempo. Puedes hacerlo a través de una simple oración a través de la cual expreses creer en tu corazón que Jesús nació y murió en la cruz para que tú pudieses ser salvo y que Dios lo resucitó al tercer día venciendo así la muerte. Entendiendo que una oración no es más que una conversación entre Dios y tú, exprésale con tus palabras tus sinceros deseos de someterte a su voluntad y de ser transformado por su Espíritu Santo que a partir de esta declaración morará en ti. Si haces esta oración, busca entonces una congregación de creyentes con la cual puedas crecer en comunidad y con los cuales puedas desarrollar hábitos saludables como la oración y la lectura de la Biblia. Puedes además escribirnos a través del formulario al final de esta exhortación y te haremos otras recomendaciones que te servirán en tu crecimiento espiritual.

Si usted ya ha aceptado a Jesús como su Señor y Salvador entonces con acción de gracias tome un tiempo de oración no solo para agradecerle a su Padre Celestial por sus bendiciones sino también para que su amor por su prójimo crezca de modo de crear en usted la necesidad de ser instrumento para el crecimiento del reino de Dios en la tierra.

Lectura semanal sugerida:

1. Juan 1:1-18

2. Romanos 8:1-27

3. Juan 8:39-59

4. Gálatas 4:1-20

5. Efesios 1:2-14

6.  Gálatas 3:6-29

Bendiciones!!

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