Pedir prestado
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Pedir prestado

¿Qué dice la Biblia acerca de pedir prestado?

Dios, en su inmensa sabiduría nos dejó su Palabra, la Biblia, como fundamento y recurso para buscar en ella la respuesta a todas nuestras inquietudes. Junto a ésta nos dejó además su Espíritu Santo quien nos da la sabiduría y el entendimiento para tomar las mejores decisiones.

Dicho esto, entremos a analizar el tema de “pedir prestado”. Romanos 13:7-8 cita lo siguiente: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros, porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.”

No es la voluntad de Dios que su pueblo esté endeudado, sin embargo es importante hacer una diferencia entre estar endeudado y pedir prestado. Todos, en algún momento de nuestras vidas, pedimos prestado. Algunos piden dinero, otros objetos tangibles, otros elementos no tangibles como tiempo, espacio y hasta esfuerzo. Estar endeudados sin embargo, es el adquirir préstamos mucho más allá o al límite de nuestra capacidad para devolver o reintegrar lo adquirido.

Tomemos como ejemplo el caso de la sunamita en 2 Reyes 4:1-5. Este es el caso de una mujer que clamó al profeta Eliseo por ayuda ya que su esposo había muerto y sus acreedores querían cobrar la deuda que éste tenía llevándose a sus hijos como esclavos. Esta mujer no tenía dinero o posesiones para hacerle frente a la deuda, solo contaba con un poco de aceite en casa. El profeta Eliseo le dijo que “pidiera prestadas” vasijas, muchas no pocas, a sus vecinos y le dio unas instrucciones sobre qué hacer una vez que tuviese estas vasijas. En este caso en particular, Dios hizo un milagro al convertir aquella pequeña porción de aceite que tenia esta mujer en su casa en grandes cantidades de aceite que ella pudo utilizar para vender y pagar las deudas que tenía.

Vemos como, a través de un préstamo que fue realizado con un propósito específico, Dios obró un milagro. Podemos entender entonces que el pedir prestado no en sí un pecado, el problema está en la falta de compromiso para pagar lo que debemos y/o en la actitud y motivación que tengamos al pedir. En el caso de la sunamita, ella pidió prestado, siguiendo las instrucciones del profeta Eliseo como estrategia para producir lo necesario para saldar una deuda y librar a sus hijos de la posible esclavitud. Sin embargo, hoy día el pedir prestado se ha constituido en la norma para llevar adelante la mayoría de los proyectos familiares, de negocios y hasta eclesiásticos. Hoy día, primero salimos a pedir y luego le pedimos a Dios dirección para administrar los recursos obtenidos a través del préstamo, y esto en el mejor de los casos. ¿No sería mejor pedirle primeramente dirección a Dios para emprender estos proyectos antes de salir a pedir prestado? ¿Acaso no es Dios poderoso para proveer no solo naturalmente sino de manera sobrenatural? El deseo de Dios para su pueblo es que, en la plenitud de nuestra obediencia a él “tengamos para dar y no tengamos que pedir prestado nada” (Deuteronomio 28:12).

Muchos dirán entonces ¿cómo hago para comprar mi casa? o, necesito un auto pero no tengo dinero para comprarlo. La respuesta a todas estas inquietudes se encuentra solamente buscando la dirección de Dios. Muchos, en efecto, tendrán que establecer negocios con entidades financieras para lograr una hipoteca que les permita adquirir una vivienda, otros podrán establecer un plan de ahorros que les permita comprar un auto que tal vez no sea nuevo pero que esté en condiciones de suplir sus necesidades de trasporte. Lo importante en este punto está en dónde radica nuestra motivación al momento de pedir prestado. ¿Lo estamos haciendo acaso pensando en nuestro crecimiento espiritual o en la expansión de la Palabra de Dios o sencillamente deseamos satisfacer nuestros deseos personales? ¿Es realmente una necesidad o es solo un deseo o peor un capricho? Al momento de pedir prestado debemos ser fieles en devolver lo que hemos tomado obrando conforme a la Palabra de Dios en Romanos 13:7-8.

La Biblia nos dice que, a libertad nos llamó Cristo, entonces no podemos olvidar lo que nos dice Proverbios 22:7 “El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta”. ¿Acaso es sabio buscar deliberadamente ser esclavos de una organización o de una persona solo por buscar la satisfacción de nuestros propios deseos?

Concluimos con algunas recomendaciones:

1. Antes de pedir prestado considere primero sus motivaciones reales y defina si es para satisfacer una necesidad o si es para satisfacer un deseo.

2. Busque primeramente el Reino de Dios y su perfecta justicia… busque la dirección de Dios antes de tomar cualquier decisión.

3. Establezca prioridades claras recordando siempre que, como hijos de Dios, estamos llamados primeramente a la obediencia de la Palabra de Dios… a hacer discípulos a todas las naciones.

4. Si al final se ve en la necesidad de pedir prestado, recuerde que tiene el compromiso de mantener buen testimonio. Esto lo logrará solamente cumpliendo con el compromiso adquirido de pagar la deuda según lo acordado con su acreedor. Evite convertirse en esclavo del que le prestó.

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