Semana del 30 de septiembre de 2013 - El amor de Dios y su disciplina
  • Envíenos sus preguntas o comentarios y le responderemos en base a lo que dice la Biblia acerca de su situación.  Además puede leer los comentarios de otras personas que han atravesado por experiencas como la suya.
  • Devocionales, estudios bíblicos y otros recursos que le ayudarán en su crecimiento espiritual.
  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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El amor de Dios y su disciplina

Base bíblica: Oseas 2:10-18

10 Y ahora descubriré yo su locura delante de los ojos de sus amantes, y nadie la librará de mi mano. 11 Haré cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas y sus días de reposo, y todas sus festividades. 12 Y haré talar sus vides y sus higueras, de las cuales dijo: Mi salario son, salario que me han dado mis amantes. Y las reduciré a un matorral, y las comerán las bestias del campo. 13 Y la castigaré por los días en que incensaba a los baales, y se adornaba de sus zarcillos y de sus joyeles, y se iba tras sus amantes y se olvidaba de mí, dice Jehová. 14 Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. 15 Y le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto. 16 En aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi,[d] y nunca más me llamarás Baali. 17 Porque quitaré de su boca los nombres de los baales, y nunca más se mencionarán sus nombres. 18 En aquel tiempo haré para ti pacto con las bestias del campo, con las aves del cielo y con las serpientes de la tierra; y quitaré de la tierra arco y espada y guerra, y te haré dormir segura.

Reflexión:

Si observamos el relato bíblico, Dios le hablaba a su amado pueblo quien se había apartado poniendo sus esperanzas en otros dioses dando crédito de las cosas que poseían a estos y no a Jehová su Dios. Incluso se ataviaban como lo hacían aquellos que no eran parte del pueblo de Israel. ¿Acaso esta actitud es propia solo del pueblo de Israel en aquel entonces o podríamos decir que es extensiva, aún hoy, a aquellos que nos hacemos llamar “pueblo de Dios”? ¿No nos encontramos hoy día dándole mayor prioridad y valor a aquellas fuentes de ingresos como lo son nuestros empleos o negocios aduciendo que de allí provienen los recursos que nos permiten sustentar nuestras familias y pagar nuestros gastos? ¿Podemos hoy decir que a la vista del mundo entero lucimos (tanto en nuestro interior como en el exterior) diferentes a aquellos que no declaran a Jesús como su Salvador… o nos ataviamos, lucimos y hasta olemos igual que ellos? Muchos hasta incurren en prácticas abominables delante de los ojos de Dios (fornicación, adulterio, lascivia, brujería, juegos de azar) simplemente por el hecho de que “todo el mundo hace lo mismo”.

Desde niños se nos ha mostrado a Dios de muchas maneras… de hecho aquellos que llegan a creer en su existencia aún sin creerle a él ni entregarle su corazón y aceptarlo como Señor de sus vidas suelen vivir cerrando los ojos ante la realidad de que sus actos traerán consecuencias. Muchos de los que sí lo han aceptado como Señor y Salvador llegan a creer que su amor y su misericordia los librará de consecuencias aun cuando hayan pecado. La realidad es que la Biblia nos dice que Dios al que ama castiga como el padre al hijo a quien quiere (Proverbios 3:11-12). Esto aunque parezca alarmante en realidad es una buena noticia… esto significa que Dios, cuando pecamos, extiende su brazo de amor para alcanzarnos, reprendernos, limpiarnos y exhortarnos a volver al camino correcto.

Si hemos aceptado a Jesús como nuestro Señor y Salvador, entonces somos Templo del Espíritu Santo de Dios y es éste quien nos redarguye y nos instruye aún cuando ignoramos su voz. Ningún hijo de Dios puede decir que cometió pecado por falta de instrucción de parte de Dios ya que hoy día contamos con su Palabra, con su Espíritu Santo y con el testimonio que nos dejara Jesús al vivir limpio de pecado, entregar su vida para morir en una cruz como sacrificio para la expiación de nuestros pecados, y al resucitar venciendo a la muerte como lo había prometido. La Palabra de Dios nos dice que pecamos cuando somos atraídos por nuestra propia naturaleza pecaminosa (Santiago 1:14-15).

Dios, en su misericordia, desea que todos procedamos al arrepentimiento (2 Pedro 3:9) es por eso que, como Padre amoroso, utiliza la disciplina necesaria para perfeccionar la obra que ha iniciado en cada cual. En este proceso podremos ver como aquellas fuentes de ingresos que sentimos como la base de nuestras fortalezas desaparecen; podremos ver como aquello que de algún modo se convirtió en un dios para nosotros, sencillamente desaparece; podremos ser llevados al desierto, si embargo es justo entonces y justo allí en donde, nuestra mirada se ve obligada a buscar la presencia del único Dios, Jehová de los Ejércitos. Es justo allí, en la soledad y la escasez en donde su voz parece ser más fuerte ya que no hay distracciones.

Amado hermano, si se encuentra en un desierto, sepa que de allí Dios lo sacará fortalecido… recuerde que la misericordia de ese Padre amado y poderoso siempre lo cubrirá y que nada podrá apartarlo a usted de su amor. Si usted aún no ha sido llevado a ese desierto pero reconoce que hoy día no hay diferencia sustancial entre usted como hijo de Dios y aquellos no creyentes, entonces es un buen momento para buscar la presencia de Dios con un corazón contrito y humillado y Él no lo echará fuera. En cualquiera de los dos casos, es en la búsqueda de la presencia de Dios y en el camino a la obediencia que logramos evitar estos desiertos o en otros casos, salir de ellos.

Culmine este tiempo devocional tomando un tiempo para reflexionar en su conducta y en los valores que ha exhibido como creyente y, si es necesario, someta delante de Dios aquellas cosas que usted sabe que contristan el Espíritu Santo que mora en usted, creyendo por fe que el que empezó la buena obra en usted la culminará hasta el día de su venida.

Bendiciones

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