Semana del 22 de julio de 2013 - Prueba de amor, amplia recompensa
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  • Te has preguntado ¿qué hay después de la muerte?  La mayoría de las personas viven bajo el supuesto de que sus buenas obras lo llevarán al cielo pero, ¿es esto cierto?
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Prueba de amor... amplia recompensa

Lectura: Deuteronomio 11:8-25.  Versículos claves: Deuteronomio 11:22-25

22 Porque si guardareis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os prescribo para que los cumpláis, y si amareis a Jehová vuestro Dios, andando en todos sus caminos, y siguiéndole a él, 23 Jehová también echará de delante de vosotros a todas estas naciones, y desposeeréis naciones grandes y más poderosas que vosotros. 24 Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie será vuestro; desde el desierto hasta el Líbano, desde el río Eufrates hasta el mar occidental será vuestro territorio. 25 Nadie se sostendrá delante de vosotros; miedo y temor de vosotros pondrá Jehová vuestro Dios sobre toda la tierra que pisareis, como él os ha dicho.

Reflexión

Amor, palabra poderosa. Todos decimos amar a alguien, muchos decimos amar a Dios, pero lo amamos según nuestra propia definición de lo que es amor. Pero, ¿cómo pide Dios que le mostremos nuestro amor por él? ¿Es potestad nuestra el decidir cómo mostrar este amor?

Este fragmento del libro de Deuteronomio nos brinda la fórmula creada por Dios para mostrar nuestro amor por él… y esta fórmula viene con grandes añadiduras.

La fórmula consiste en aprender, cumplir, amar, permanecer, andar y seguir (versículo 22). Estos cinco elementos dependen cada uno del otro, no pueden ser alienados. La fórmula además, no permite ningún tipo de variación en sus factores, incluso el orden de los mismos es infalible e invariable si se espera obtener el producto prometido.

Factores de la fórmula:

Aprender: Los mandamientos a los que se refiere este versículo hablan del diseño del estilo de vida que Dios espera que su pueblo viva. A lo largo de la Biblia encontramos, de modo reiterativo este plan pero, ¿qué hacemos con él? La voluntad de Dios es que primeramente aprendamos estos preceptos “guardándolos cuidadosamente” en nuestro corazón. Para esto debemos esforzarnos por leer la Biblia que es dónde se encuentra en detalle esta verdad. Para salir a sembrar hay que primero aprender cómo hacerlo.

Cumplir: Una vez aprendido, es necesario ir a la práctica. Si en efecto hemos guardado cuidadosamente estos mandamientos en nuestro corazón, no tendremos problemas en encontrar allí la respuesta y el método de ejecución que diseñó Dios para abrir puertas que están cerradas, remover piedras de tropiezo, corregir conductas inapropiadas, huir y abandonar el pecado y encontrar el impulso para levantarnos cuando hayamos caído. Para ver una cosecha hay que llevar a la práctica lo que se ha aprendido. Mirar los el potencial de la tierra a ser sembrada no pone el arroz sobre la mesa.

Amar: El cumplir con los mandamientos aprendidos es la prueba más grande de amor que Dios espera de nosotros. Conocer qué es lo que a Dios le agrada (aprender) no es suficiente. El verdadero amor es vivo, es real y se ve a través del fruto de la obediencia en el cumplimiento de lo que se conoce que se debe hacer. Para que la siembra traiga frutos hay que invertir en su preparación: abonar, regar y cuidar.

Permanecer: El aprender es importante, el llevar a la práctica lo aprendido también lo es, pero si realmente amamos a Dios entonces permaneceremos en obediencia de acuerdo a lo que hemos aprendido y conocemos que Él espera de nosotros. No debemos apartarnos de Dios cada vez que algo no sucede como queremos que suceda, o cuando se presenta una situación de pérdida, enfermedad, tragedia o necesidad que nos golpee o peor aún, cuando nos sintamos auto suficientes y capaces de hacer cosas por nosotros mismos. Debemos permanecer en obediencia creyendo en aquel que prometió nunca abandonarnos ni desampararnos sabiendo que todo le pertenece a Él y que en su misericordia nos ha bendecido con lo que tenemos. Miré los cultivos llenos de fruto, fui y coseché una porción para comer hoy pero llegó el final del día y encontré que la provisión se había acabado.

Andar y seguir: Estamos en un punto del camino en el que hemos aprendido y guardado en nuestro corazón los mandamientos de Dios. En amor, los hemos puesto en práctica y hemos permanecido en medio de las pruebas y días malos. Y, ¿ahora qué? Estoy cansado… he permanecido pero me cuesta estar en pie… camino por aquí solo porque es lo que he aprendido… me falta motivación. Este factor de la fórmula es quizás el más difícil de desarrollar porque todos o nos hemos encontrado o nos encontraremos en este punto del camino. Nos encontramos o nos encontraremos estacionados en un lugar cómodo y hasta quizás agradable en el que nos sentimos “bien” mas ya no buscamos el sentirnos “aún mejor”. El levantarnos y seguir cada día conlleva crear en nosotros mismos nuevas expectativas buscando siempre conocer lo que Dios puede hacer con y a través de nosotros. Me levanté y seguí cosechando y obtuve alimento y provisión para muchos días pero… se acabó la cosecha, y ¿ahora qué hago para seguir comiendo?

Seguir sembrando para poder cosechar porque de esto tenemos garantía, de que si somos obedientes a Dios y aprendemos y estudiamos su Palabra, cumplimos con sus mandamientos y los ponemos por obra, permanecemos en Él y seguimos perseverando en sus caminos, su presencia no se apartará de nosotros y veremos el cumplimiento de su promesa (versículos 23-25)

Oremos para que Dios nos guíe en el conocimiento de su Palabra, que nos ayude a perseverar en Él y que nos guíe hacia su perfecta voluntad.

¡Recordemos que el amar a Dios debe ser una vivencia y no solo una sugerencia!

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