Semana del 17 de junio de 2013 - La Salida de Moisés
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La salida de Moisés

La salida de Moisés

Éxodo 3:8-10

Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

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Moisés nació en un tiempo en el que, por causa de la multiplicación del pueblo de Israel, Faraón había ordenado a las parteras que matasen a todo niño varón que viniese al mundo. Sin embargo, la madre y hermana de Moisés lograron preservar la vida de éste ocultándolo durante sus primeros meses de vida y luego, cuando ya no podían ocultarlo más, lo introdujeron en un canasto y lo pusieron en el río desde donde una de las hermanas de Faraón lo recogió y acogió como hijo suyo. De este modo, Moisés creció como egipcio, siendo instruido y enseñado como un príncipe. Pero, conociendo sus orígenes, y viendo como los egipcios maltrataban a sus hermanos de Israel, mató a un soldado egipcio y se vio obligado a huir hacia Madián, una tierra lejana, porque el Faraón quería matarlo por lo que había hecho (Éxodo capítulo 2).

Viviendo en Madián, Moisés se convirtió en pastor de ovejas y una noche, mientras cuidaba del rebaño de su suegro, Dios lo llamó y le pidió que fuera a Egipto a liberar a al pueblo de Israel que vivía bajo la opresión de Faraón. Moisés, aquel hombre que había sido capaz de matar para sentir que se hacía justicia, aquel hombre que había sido instruido y que había crecido como príncipe en el palacio de Faraón, lejos de decir “heme aquí Señor, envíame a mí”, le presentó a Dios todo tipo de argumentos que parecieran haber tenido como propósito disuadir a Dios de que él, Moisés, no era la persona más idónea para llevar a cabo la misión.

Pero, a pesar de haberse molestado con él por sus constantes argumentos, Dios permaneció en su postura de enviar a Moisés a Egipto para ser su voz no solo ante Faraón sino también delante de su pueblo, Israel (Génesis 3:13-20). ¿Por qué? Porque Dios conocía el corazón de Moisés más allá de sus temores y su inseguridad. Moisés se mostró delante de Dios tal y como él era. Sabemos al día de hoy que Moisés salió en pos de este llamado: tomó a su esposa e hijos y se despidió de lo que en ese momento era su tierra y su parentela con obediencia, fe y convicción de que Dios haría una obra grande a través de él.   Ciertamente Dios utilizó a Moisés para hablarle a Faraón y, aunque éste no accedió inicialmente a la petición de Moisés, tal y como Dios lo había predicho, al final cedió y dejó ir al pueblo de Israel, cumpliéndose así plan de Dios para su pueblo.

La obediencia fe y convicción de Moisés le permitió ver actuar a Dios de modo poderoso. Tuvo el privilegio de ser utilizado como instrumento por Dios, y en el proceso, establecer una relación íntima con él.

Este ejemplo nos muestra que:

- Dios quiere usarnos para traer libertad a los que aún no han conocido la libertad en Cristo Jesús.

- Si somos obedientes, tenemos fe y convicción en lo que Dios nos envía a hacer él puede llevarnos a poseer aquella “tierra prometida” aún si está en manos de otros. Esto no es más que alcanzar aquella promesa que Dios nos ha dado que a la vista humana parece lejana e imposible de alcanzar.

-   Nuestro clamor y oración llegan a los oídos de Dios. Él ve cuando somos oprimidos y envía la ayuda necesaria y oportuna para que alcancemos libertad.

-   Cuando nos dejamos usar por Dios, no solo bendecimos a otros sino que desarrollamos en el proceso una estrecha comunicación con él.

Finalice la meditación del día de hoy reflexionando en el llamado que Dios le ha hecho y en cómo Dios lo ha usado para ser de bendición a otros. Haga una lista de las cosas que usted considera que puede hacer para bendecir a otros y estructure un plan de acción para llevarlas a cabo.

Por último, tome un tiempo para orar y presentar un clamor a Dios por todas aquellas situaciones que han traído aflicción a su vida. Pídale también a Dios sabiduría y gracia para llevar a cabo el plan de acción que diseño en el punto anterior. Recuerde que Dios siempre escucha el clamor de su pueblo.

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